sueño infantil

Cada uno duerme como quiere, como puede o como le dejan

Hoy dejo de lado la costura y vuelvo a los orígenes del blog, a hacer una entrada de lo más “miscelánea” para reflexionar sobre el dormir.

En los últimos tiempos he hablado con bastante gente sobre cómo duermen sus hijos (y los míos) y veo que el colecho es una práctica mucho más habitual de lo que la sociedad cree pero de la que la gente se avergüenza o esconde.

Escucho a mamás que confiesan avergonzadas que sus hijos duermen con ellas porque así duermen mejor, poniendo excusas, parapetándose… Pero señoras, amigas, mamás… si vosotras y vuestros hijos dormís bien así ¿qué tiene de malo? ¿Qué tiene de vergonzoso? ¿Por qué razón hay que mentir al pediatra y decirle que nuestro lindísimo hijo duerme solito en su cama toooooda la noche si no es cierto?

Yo lo tengo claro: lo primero de todo, es dormir y descansar. Cada familia es libre para elegir cómo.

Algunos colechan desde el mismo nacimiento hasta que su hijo se independiza en su propia habitación y por iniciativa propia. Genial.

Otros colechan cuando ven que el resto de alternativas no les ha funcionado. Genial.

Otros colechan una parte de la noche. Genial.

Algunos colechan en la habitación de los niños. Genial.

Otros colechan en la habitación de los padres. Genial.

Otros duermen cada uno en su habitación. Genial también.

¿Hemos echado un ojo a cómo duermen en otras culturas? A lo mejor nos pensamos que en la Prehistoria cada miembro de la familia tenía una zona en la cueva. ¿O dormían todos juntitos? Me decanto más por la segunda opción.

¿Y en África? ¿Y en Asia?

¿Por qué creemos que en la cultura occidental, la más avanzada, la más fantástica, la predominante, la que más sabe, la que todo el mundo debe seguir, la que todo lo hace bien, se debe dormir cada uno en su habitación?  (Nótese la ironía en modo ON)

Si las familias pudieran hablar libremente, sin vergüenzas, sin temor al qué dirán, sobre cómo duermen, no tendríamos tantas tonterías.

Y quién habla de niños, la cama es extraprobable a todos los sentidos. Cada uno en la cama hace lo que su moral, su ideología, su corazón y su razón, le pida. Ya está bien de tantos tabús, de tantas barreras, de tantas tonterías.

Dejemos ya de juzgar al vecino de al lado porque su niñito no sabe dormir solo, como Dios manda (anda que…). O mentir a la profesora del niñito diciendo que duerme en su habitación la mar de bien toda la noche.

Seamos honestos.

Sin vergüenzas.

Relativicemos.

No veamos mal allá donde no lo hay.

Fuera tonterías.

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