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¿Y esta vez qué traes?

Volvemos a lo de siempre. ¿Por qué las mujeres nos creemos que tenemos que seguir determinados cánones de belleza? No sé en qué sociedad vivimos. La mujer debe ser la perfecta madre, la perfecta esposa, vestir siempre bien, siempre maquillada, bien organizada, su casa siempre a punto, perfecta en su trabajo, gran amiga, sonriente, empática… y cómo no, con un cuerpo 10. ¿Pero qué es un cuerpo diez? Por lo visto el mío no. Gente ajena a mí se cree con el derecho de opinar sobre mi… tachán tachán… ¡MI BARRIGA!

A mí nunca me ha quitado el sueño medir sólo metro y medio. Bueno, de pequeña, mis compañeros de colegio insistieron en crearme un trauma, pero no lo consiguieron. No uso tacones. Me duelen los pies con ellos. No necesito pasar un mal rato por aparentar ser 5, 6, 12 centímetros más alta. No me hace ni mejor ni peor persona. Ni más inteliegente ni más tonta. Ni siquiera más guapa o más fea.

Tener barriga, a pesar de estar delgada, e incluso desde antes de haber sido madre, tampoco me ha preocupado en exceso ya que tengo buena salud. Pues bien, son innumerables las veces que me han preguntado si estoy embarazada. ¡Imagináos después de haber pasado por dos embarazos! Tengo barriga. ¿Y qué?

Ayer fue la gota que colmó el vaso. Fui a una relojería con mi madre y peques a escoger mi regalo de cumpleaños: un reloj. Pues bien, mientras yo elegía, los niños hacían de niños. A la señora dependienta, bien emperifollada, pura simpatía y amabilidad, no le importaba que jugasen en su establecimiento. Mientras intentaba convencerme de que el reloj escogido no tenía el cristal rallado, no se le ocurre otra que hacerme la pregunta del millón:

-¿Y ahora qué traes?

-¿Perdona?

-¿Niño o niña?

-Pues verás, ahora traigo gemelos -dije yo con cara de circunstancias mientras pensaba entre enviarla a paseo o más allá.

-¡Estás loca! -se atrevió a juzgar la tiparraja.

-No, no estoy embarazada. Estoy gorda. Es grasa.

-¡Ahhhhh! Entiendo… se te ha quedado barriga después de parir. ¡Vaya! Eso se soluciona haciendo abdominales y vistiendo ropita ancha. Hay vestiditos que te quedarían muy bien y te lo disimularía.

 

Varias cosas a comentar sobre la conversación…

En el caso que estuviera embarazada, y de gemelos además, ¿por qué tendría que estar loca? ¿Acaso le estaba pidiendo dinero para criar a mis hijos? ¡Sólo estaba comprando un reloj! ¿Me conoce? ¿Quién es ella para juzgar si estoy loca o no por volver a estar embarazada, en el caso que realmente lo estuviera?

Segundo: Ante su “cagada”, en vez de disculparse, insiste dándome trucos para disimular. ¿Qué tengo que disimular? ¿Debo disimular? ¿Soy peor persona por tener barriga? ¿Peor madre? ¿Peor profesional? ¿Peor esposa? ¡Anda ya!

Ante comentarios así me siento muy indignada. Y no porque tenga una barriga que puedan confundir con un embarazo… me indigno porque la gente sea tan esclava de un modelo de belleza. Yo no tengo ni quiero disimular. Si me considerase fea… ¿me pongo una careta? Si me considerase tonta… ¿cierro la boca para que no se note mi estupidez? Pues en el caso que me considerase barrigona, no pienso ser esclava de una faja.

Soy madre, con todos los cambios que eso ha comportado a mi cuerpo. La felicidad que me brinda ser madre hace que no añore el cuerpo que quizá tuve con 20 años. Hay que aceptarse tal y como se es. Sin más. Sin intentar disimular nada.

En fin… mi momento pataleta ya ha pasado. Finalmente no compré el reloj. Estaba rallado. Me dijeron que pasara a final de semana porque me pedirían otro igual. No pasaré. Me niego comprar nada a nadie así. ¡Será por relojerías!