Reflexiones literarias

Melocotón loco

¡Oh Dios mío! ¡Qué me está pasando! Tanto renegar que mi madre sólo leía novelas de Jazmín y Bianca, y voy yo ahora y me aficiono a las comedias románticas (o eróticas algunas) al estilo de Megan Maxwell. Aquí me faltaría ese emoticono tan gracioso del Whatsap en el que la carita amarilla se pone al estilo de Solo en casa.

Mis lecturas profundas de filóloga van desapareciendo de mi vida por falta de tiempo. Pero quiero leer, necesito leer. Siempre había renegado de los Best Sellers y estoy cayendo en su trampa… ¿Será haber pasado la barrera de los treinta? ¿Ser madre? ¿La falta de tiempo? ¿El alejarme de la universidad? La cuestión es que cada vez que pienso en aprovechar un ratito para leer, lo que más me viene de cara es alguna novela ligerita, que entre bien, que se entienda bien y que me entretenga. Engancharte a una novela con un lenguaje rico y profundo comporta tiempo para recrearte. Y cuando lees casi a escondidas, después de haber acostado a los niños, después de haber preparado las clases para el día siguiente, mochilas, agendas, ropa, ducha… Antes que alguno de los dos se despierte y te interrumpa la lectura. Robándole horas de sueño a Morfeo… Caes. Caes en lo que juraste que no te gustaba, en lo que juraste que no harías…

Y así me veo yo ahora. Acabo de leerme en cuatro días Melocotón Loco, la nueva novela de Megan Maxwell. Y qué decir… ¡me ha encantado! Sé que no será nunca un canon en literatura, pero Maxwell tampoco no aspira a eso. Cumple con la expectativa de muchas chicas y mujeres. Una lectura ligerita, divertida, con amor, enfados, situaciones complicadas, bomberos de escándalo… Y es que me gusta la forma que tiene esta autora de meterte en sus tramas y hacer que quieras a sus personajes. Sufres con ellos, te ríes con ellos, te enfadas con ellos, te enamoras con ellos… Engancha desde la primera página hasta la última, necesitas saber más. Llegas a decir más de cincuenta veces cada noche “sólo una página más y me voy a dormir”. Me gusta cuando un libro me atrapa. No soporto cuando un libro me es indiferente y no tengo esa necesidad imperiosa de seguir leyendo.

Así que si os apetece una novela ligerita, divertida, con su puntito sexy… os recomiendo esta historia de este bombero que os “almendrará” y quizá en algún momento os pueda hacer “chorar”. Hay algún aspecto muy puntual y superfluo para la trama que no me ha gustado: yo prefiero la música heavy a cualquier música sentimental y romanticona al estilo de Luis Miguel o Pedro Alborán. Para los gustos los colores. Al menos me quedo con que a Rodrigo le gustaba Metallica. Y otro aspecto que me da un pelín de repelús por decirlo de alguna manera, ¡es que a los niños los alimentan con biberones! Pero señoras mías, ¡para que nos dio Dios un par de razones para amamantar de manera natural a nuestros hijos! ¡Los pechos no son únicamente un “objeto sexual”! No comparto esa manera artificial de ver la lactancia y la maternidad en general; tampoco los partos. Desde que soy madre veo ciertos aspectos en la sociedad muy extendidos y me gustaría que cambiaran. Pero bien, no era ese el cometido de la novela.

Y como he empezado diciendo, mi madre y mi yaya tuvieron una época en la que devoraban las novelitas de Jazmín y Bianca. Y yo las criticaba. Y yo estoy haciendo algo parecido… Nota para el futuro: vigila lo que dices…

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Mis lecturas del 2013

El 2013 empezó con un muy buen regalo de Reyes: mi ahora ya imprescindible Ebook. ¡Qué gran regalo! Como filóloga y adicta a los libros, creía que el olor y el tacto de las páginas no podría ser substituido por nada. Mi visión romántica de la lectura ha quedado totalmente aplastada tras conocer este pequeño prodigio de la tecnología. Es tan práctico, tan fácil, tan cómodo, pesa tan poco, se lee tan bien, puedo tener tantos libros y tantas novedades… Así que últimamente he leído como hacía mucho que no hacía, en mis tiempos de universitaria.

Voy aprovechar esta primera entrada del año al blog para hacer un repasillo a todos los libros que he leído, y también los que he empezado y no he acabado, que tampoco han sido pocos.

Vamos allá:

  • El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson
  • Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, de Albert Espinosa
  • Como no ser una drama mamá, de Amaya Ascunce
  • La hilandera de Flandes, de Concepción Marín Albesa
  • Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James
  • Cincuenta sombras liberadas, de E. L. James
  • El tiempo entre costuras, de María Dueñas
  • Marina, de Carlos Ruiz Zafón
  • Pídeme lo que quieras, de Megan Maxwell
  • Pídeme lo que quieras ahora y siempre, de Megan Maxwell
  • Pídeme lo que quieras o déjame, de Megan Maxwell
  • Sorpréndeme, de Megan Maxwell
  • La maternidad y el encuentro con la propia sombra, de Laura Gutman
  • La lección de August, de R. J. Palacio
  • Yo, mi, me, contigo, de David Safier

Libros empezados y no acabados:

  • El mundo amarillo, de Albert Espinosa
  • Las luces de septiembre, Carlos Ruiz Zafón
  • Cincuenta sombras más oscuras, de E. L. James
  • Cincuenta sombras de Gregorio, de Rossela Calabro
  • Crepúsculo, de Stephenie Meyer
  • Sexualmente, de Núria Roca
  • La reina descalza, de Ildefonso Falcones
  • Misión olvido, María Dueñas
  • Juego de tronos, de George R. R. Martin
  • Función en el colegio, Orio Vergani

¿Los deshojamos?

El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson: Recomendable. Libro entretenido y curioso. 

Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, de Albert Espinosa: Bueeeeeno… pasable, nada imprescindible. Aprobado justito.

Como no ser una drama mamá, de Amaya Ascunce: De lo más divertidoo que me he leído últimamente. Y es que yo ya había leído alguna vez su blog (http://www.comonoserunadramamama.com/) así que el libro no me ha defraudado. Me encanta la frescura con la que escribe Amaya. Espero no caer en muchas de las frases de dramamamá.

La hilandera de Flandes, de Concepción Marín Albesa: Totalmente recomendable. Historia de cristianos y judíos en el Toledo de los Reyes Católicos. Es decir, muchos de los ingredientes que me gustan en una novela histórica. De lo mejorcito que me he leído el último año.

Cincuenta sombras de Grey y Cincuenta sombras liberadas, de E. L. James: Estos dos libros junto a los de la Megan Maxwell bien se merecerían toda una entrada sobre la literatura erótica para mujeres que se publica últimamente. La gran pega que tiene esta trilogía para mí es que a mí no me gusta nada el sadomasoquismo. No, a mí no me pone que ningún hombre, por muy Christian Grey y muy guaperas que sea, bajo ningún concepto, me ponga la mano encima. No le encuentro el morbo. Tampoco me gustan las chicas que pierden el juicio ante un tipo dominante, que te hace firmar un contrato de confidencialidad, que babea, que pierde totalmente su personalidad. No. No me gusta. Y me cuesta entender por qué hay tantas mujeres encantadas con este libro y que viven últimamente bajo el lema de “pon un Grey en tu vida”.

El tiempo entre costuras, de María Dueñas: Delicioso libro. Dulce. Romanticismo, historia y una prosa exquisita. Totalmente recomendable. La serie que actualmente están haciendo en A3 está muy bien adaptada.

Marina, de Carlos Ruiz Zafón: Zafón nunca me defrauda. Esta chuchería de novela la leí hace años y este curso mis alumnos la han leído. Releerla unos años después ha sido muy grato. Fantástica prosa.

Pídeme lo que quierasPídeme lo que quieras ahora y siempre y Pídeme lo que quieras o déjame y Sorpréndeme, de Megan Maxwell: Megan Maxwell ha sido mi descubrimiento de las últimas semanas del 2013. Tras haber comentado con amigas mi desagrado hacia las Cincuenta sombras de Grey, una me recomendó esta trilogía. Después de haber devorado la trilogía y haber leído el postre que supone Sorpréndeme en 4 semanas, debo decir que me ha encantado. En un principio pensé que era el contrapunto de las 50 sombras. Y en cierto modo lo es. Todo lo que no me gusta de la trilogía anterior, aquí Maxwell lo cambia para que me sea más grato. Erotismo y amor. Agilidad en la lectura. Prosa desenfadada, sin tabúes, muy buen gusto. La historia del tercer libro quizá fue la que menos me gustó, pero sirvió de puente para prendarme de Björn, el que será protagonista en la historia paralela Sorpréndeme. Si los tres primeros me encantaron, el último me dejó sin habla. Felicidades Megan.

La maternidad y el encuentro con la propia sombra, de Laura Gutman: Este libro me lo leí estando embarazada de Illya. Sublime como esta mujer hace despertar el sentido más primitivo de la maternidad. Muy recomendable para las embarazadas y futuras mamás.

La lección de August, de R. J. Palacio:Delicioso. Preciosa historia de un niño contada desde diferentes puntos de vista. Lectura fácil y conmovedora.

  • Yo, mi, me, contigo, de David Safier: Safier siempre consigue hacerme reír. Lectura muy fácil y divertida.

 

Y la sección de inacabados…

El mundo amarillo, de Albert Espinosa: Historia autobiográfica de su enfermedad. Muy bonito. Quizá algún día lo continuaré, pero habiendo muchos más libros por leer, este me causaba un poco de pereza.

Las luces de septiembre, Carlos Ruiz Zafón: Esta novela se la estaban leyendo mis alumnos de tercero de ESO cuando cogí la baja antes de nacer Illya. Como ya me lo había leído cuando tenía aproximadamente 15 años, no lo acabé. Muy recomendable, como todos los de Zafón.

Cincuenta sombras más oscuras, de E. L. James: Como ya he comentado más arriba, la historia de Christian Grey no me gusta, y menos la parte erótica. Como historia de amor deja mucho que desear. Así que, llegado a casi el final de este tercer libro, me cansé. Ya conozco la historia y puedo hablar, comentar y rebatir con quien hayan leído la trilogía. Nada más que comentar.

Cincuenta sombras de Gregorio, de Rossela Calabro: En España (y supongo que en general en la vida real) no existen Christian Greys. Existen Gregorios. Una curiosa crítica de la famosa trilogía; ha intentado sacar partido riéndose de una novela popular. Para mi gusto, con un par de capítulos es suficiente. No aporta demasiado.

Crepúsculo, de Stephenie Meyer: Muchos se sorprenderán de que aparezca esta novela entre los libros que al menos he empezado a leerme. Y tiene una razón de ser. Lo mismo que he hecho con las 50 sombras, me gusta conocer lo que critico. Siempre me he reído de estos vampiros adolescentes con piel brillante que van al instituto. Sé que este tipo de novela vuelve locas a mis alumnas adolescentes. ¿Verdad Laia, Aina…? Pues bien, siempre me dije que algún día trataría de leérmelo para poder opinar con razón de ser. Y no, no puedo con él. No me gusta. Ratifico todo lo que pensaba. A veces, los prejuicios no van tan desencaminados. Lo siento chicas.

Sexualmente, de Núria Roca: Libro de monólogos de la presentadora en la que trata diferentes aspectos sobre sexualidad. Están bien, pasables. He leído unos cuantos, pero habiendo tanto por leer no me merecía la pena continuar.

La reina descalza, de Ildefonso Falcones: Con esta novela me ha pasado algo curioso. No dudo que me gustará tanto como La catedral del Mar, del mismo autor. Pero ya sea por el momento de mi vida en que lo he empezado, por no haberle podido dedicar demasiado tiempo o vete tú a saber qué, no me ha enganchado. He intentado en varias ocasiones de seguir, pero no hay manera. No me engancha, y así a mí no me gusta leer.

Misión olvido, de María Dueñas: Al igual que con el anterior libro comentado, Misión olvido no me ha acabado de enganchar. Lo tengo pendiente, no tiro la toalla.

Juego de tronos, de George R. R. Martin y Función en el colegio, Orio Vergani: Son los libros con los que he acabado el 2013 y empiezo el 2014. Ya veremos cómo progresan. Quizá os sorprenda que esté liada con dos libros. Soy así, siempre suelo tener al menos dos libros empezados a la misma vez.

¿Jesús me quiere?

Acabo de leer el segundo libro de David Safier y no me he podido contener en escribir una nueva reflexión en el blog. No me he reído ni me lo he leído tan rápido como Maldito Karma, pero Jesús me quiere me ha hecho pensar, replantearme y reafirmarme en mi concepción de la religión.

En ningún momento se tiene una sensación adoctrinadora con la lectura del libro; en clave humorística se van tratando diferentes temas que muchas personas nos hemos hecho en relación con la existencia de Dios e incluso sobre la estabilidad mental de Jesús. Y yo, como Marie, la protagonista de la novela, nos vamos planteando ciertos dogmas que nos son muy difícil de alejar de nuestra cabeza. En el momento que aparece Jesús en su vida, lo primero que piensa es de qué manicomio se ha escapado. Esto enlaza con las teorías que Sergi y yo tenemos acerca de la presunta esquizofrenia que sufría Jesús. Hoy día es inconcebible que una persona vaya por la vida diciendo que es el hijo de Dios, que viene a hacer el bien, que quiere adoctrinar, que se deje colgar en una cruz para salvarnos a todos… Hoy día está bien claro que una persona que oye voces, que además dice que esas voces son de Dios… no está demasiado bien de la cabeza. Un psiquiatra le diagnosticaría con suma rapidez.

Otro tema que nos hemos planteado respecto a la Resurrección es: según tengo entendido (y que conste que no soy en absoluto una experta en la Biblia y que miles de cosas se me pasan por alto o estoy mal informada), la única persona que vio a Jesús resucitado fue María, su madre. Y yo me pregunto: ¿qué madre después de que se muera su hijo con 33 años, en plena juventud, no tiene la sensación que lo ha visto, que lo ha sentido, que ha notado su presencia? ¿Todas las madres que tienen esa sensación, pueden afirmar que su hijo ha resucitado?

No sé, todo esto me suena demasiado confuso y me impide creer en su veracidad. Tampoco quiero que nadie me convenza de ello, por supuesto.

Marie a lo largo de la novela se va haciendo muchas preguntas acerca de la religión, de la fe, de la vida de Jesús… David Safier algunas las contesta y otras las capea con gran maestría. Jesús intenta aclarar algunas. Dios/Emma Thomson intenta contestar otras. Pero hay un par que quedan en el tintero: ¿por qué existen los tumores? ¿por qué las mujeres tienen la menstruación?

La visión del Apocalipsis también me ha divertido. Al no creer en un Dios, nunca me he planteado cómo puede ser el Juicio Final ya que mi ateísmo niega su existencia. No quiero desvelar nada de la novela, pero creo que seguiré pensando en mi Más Allá tal y como me gustaría que fuera.

No sé si cielo e infierno existirán, nadie sabe qué puede haber más allá de la muerte, qué pasa una vez nuestros cuerpos fallecen. Es muy probable que no exista nada más, que todo acabe ahí. Pero las religiones, a lo largo de la historia de la humanidad, han intentado dar diferentes versiones sobre lo que nos encontraremos. Yo me imagino que una vez mueras puedes encontrar dos opciones. Una es un cielo divino, paradisíaco, donde el sol brilla, las nubes son esponjosas y blancas, todo es calma y quietud… por supuesto no habría ningún Dios allí dando la vara ni adoctrinando. Sería como unas vacaciones en el Caribe. Algo tranquilito y de relax. Mayormente iría allí gente buena y aburrida. Y después habría un infierno mucho más divertido y tentador. Reinaría la oscuridad, la diversión y la buena música. Con buena música me refiero obviamente a buen Heavy Metal. Sería un lugar repleto de tabernas, en las que la buena música y la buena cerveza se reunirían en comunión con un montón de metaleros dispuestos a pasar un buen rato en la eternidad. En un lugar así dictadores y calaña del estilo no tendrían lugar, por supuesto. Estos no sé adónde irían… Este otro lugar, al que me gustaría ir, sería lo más parecido a unas vacaciones en un festival heavy. Buena música y buen ambiente por doquier. Ése es el que quiero que sea mi Más Allá. Por suerte, mi costilla comparte mi visión de “la vida más allá de la muerte” y el que llegue primero esperará al otro escuchando a Dio.

Para variar, me estoy distanciando demasiado del tema que me ha llevado a escribir esta entrada…

Otro de los temas tratados en Jesús me quiere es que Dios dotó a los humanos de una voluntad libre. Somos libres para escoger tanto el bien como el mal. Nosotros escogemos nuestro camino y somos responsables de la mayoría de las cosas que nos ocurren. Esto también se relaciona con el curso que precisamente ayer empecé: Programación Neurolingüística para docentes. Justo estoy empezando a conocer qué es la PNL y ya empiezo a ver la relación que tiene con el Coaching. Mi teoría sobre el principio del 10/90 se me reafirma. Para los que no conozcan el Principio del 10/90 os doy una pequeña pincelada. Este principio explica que en nuestro día a día NO controlamos el 10% de las cosas que nos ocurren, pero el 90% restante sí que dependen de nuestras propias acciones, decisiones y estado de ánimo.

Como ejemplo de este principio, imaginaros que estás a punto de ir a trabajar y tu hija, sin querer, te tira el café en el jersey. A partir de esta acción, podemos tomar dos vías muy diferentes y que van a determinar cómo va a ser nuestro día. Si optamos por la opción 1 pasará lo siguiente: nos enfadaremos, la reñiremos, ella llorará. Nuestro marido se enfadará por haberla reñido. Iremos a cambiarnos el jersey, la niña seguirá llorando y perderá el autobús escolar. Tú al tenerla que llevar llegarás tarde al trabajo. Tu hija seguirá enfadada contigo. En el trabajo irás todo el día cruzada por tener a tu hija enfadada, por haber llegado tarde ya que eso hace que te aceleres, llegarás a casa e intentarás que tu hija te perdone por haberla reñido… Bien, os hacéis una idea de cómo está el patio, ¿no? Con la opción 2 pasará lo siguiente: le dirás dulcemente a tu hija que no pasa nada, que ahora te cambias y que la próxima vez tenga más cuidado. Te cambiarás y tú y tú hija os iréis al colegio y al trabajo. Todo seguirá bien. ¿Cambia el panorama, no?

No es exactamente lo que nos quiere explicar la novela, pero sí que en esos comentarios que hacía Emma Thomson/Dios en algunos capítulos se relaciona con la PNL. Es por ello que intento tener una actitud positiva frente a todo en mi vida. Optimismo y Power Metal.

Esto es todo por hoy: Miscelánea en estado puro.

Maldito karma: reflexiones

Hace un rato que he acabado de leer la novela de David Safier, Maldito karma, y he considerado que bien merece un apunte de crítica literaria veraniega; es decir, no pienso ponerme para nada en plan filóloga plasta, sino que voy a dar mi opinión.

Ya hace algún tiempo lo había visto en librerías y en ránkings de libros más leídos, pero nunca le había prestado atención. Hasta que hace pocos días, sin recordar ahora mismo cómo vino al caso, mi amigo Marc me comentó que lo estaba leyendo y que le estaba gustando, que era divertido. Así que cómo no encontraba (y sigo sin encontrar) la novela que llevo pendiente de leer desde hace dos veranos, Et donaré la terra, de Chufo Llórens, me decidí a ir hasta la biblioteca a buscarlo.

Ha sido una novelita de verano, refrescante, divertida, y que, además, da que pensar. Ingredientes que combinados están muy bien. Hacía ya una buena temporada que no leía un libro en tan sólo 3 días. La falta de tiempo colaboraba en ello, pero también el no encontrar una novela que reuniera todos los requisitos para cada ocasión.

Sabéis que soy muy friki y que me encanta leer clásicos hispánicos, y si son de unos siglos atrás, mejor. Pero ello requiere tiempo y ganas. No puedes empezar a leer a Galdós, a Quevedo, a Cervantes, a Clarín o a cualquier colega de ellos si no dispones de tiempo, concentración y una buena dosis de ganas. Así que últimamente, a mis admirados les leo lo justo y necesario, más que nada por exigencias del instituto, muy a mi pesar.

Algo que nunca falla es leer a Carlos Ruiz Zafón, mi escritor vivo preferido. Tiene 7 novelas publicadas y por supuesto, todas ellas leídas según han salido a la venta. Y es que leer a Zafón siempre me reconforta, sé que es placer asegurado en la lectura. A pesar de mi falta de tiempo, consigue engancharme y evadirme, y meterme en las calles de Barcelona con una fuerza única y mágica. Pocos escritores consiguen tal efecto en mí. Desde que leí con 14 años El príncipe de la niebla, supe que se trataba de un escritor que llegaría muy lejos. Por el momento, mi profecía se cumple. Sé que en unos años logrará estar en los libros de literatura.

Como para variar me estoy andando por las ramas, vamos al tema que da título a esta nueva entrada: Maldito Karma.

Siempre que empiezo a leer un nuevo libro, primeramente pienso en qué me intenta decir el título. La verdad es que Maldito karma me evocaba la serie Me llamo Earl, y eso me animaba mucho a leer. La primera línea de una novela también es muy importante; de hecho, son las palabras más importantes de una novela. Puede hacer que te enganche desde el primer momento como aventurar que poco tiene que aportar.

El inicio de la novela es el siguiente: “El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia”. Interesante. Por un lado, con puro estilo a lo García Márquez y su Crónica de una muerte anunciada, la novela ya anticipa que el o la protagonista mueren. Eso es una ventaja para las personas que tienen la tendencia de mirar el final para saber cómo acaba. Si ya sabes de antemano que el protagonista muere, el interés se centra en saber todo el proceso que le lleva a la muerte, y todos los clásicos interrogantes del qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué.

Pero con lo de “El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia”, también se presagian más cosas. Está escrito en primera persona. ¿Cómo puede una persona hablar del día de su propia muerte? Curioso. Hay que seguir leyendo.

Según van pasando las líneas y las páginas, todo cobra sentido y el humor te puede llegar a envolver. El tema de la reencarnación es algo que nunca me ha preocupado. Tampoco el del buen o mal karma. Pero leyendo la novela, viendo cómo Kim se convierte en  hormiga y otros seres según acumulaba buen o mal karma, me ha hecho crear reflexiones totalmente estúpidas, sin sentido, reflexiones veraniegas también, de esas que te haces cuando realmente no tienes nada importante que pensar ni por la que preocuparte… ¿Estaré yo acumulando buen karma? ¿Habré hecho mal sin saber a quién ni por qué? ¿Habrá alguien reencarnado en mi cuerpo? ¿En qué me reencarnaré después de mi muerte? Sólo se me venía algo a la cabeza: Buda, no quiero ser ni serpiente ni “Guancho”… 😉