Fin de una etapa, fin de la lactancia

Hace unos años cierta ginecóloga de prestigio de mi pueblo auguró en una revisión rutinaria que yo no podría amamantar a mis hijos llegado el momento.

Y yo soy cabezona…

Mi “tribu” está plagada de fracasos en lactancia…

Y yo soy cabezona…

Yo no tuve leche… Mi leche no era buena… Hacía mucho daño… Te cansarás pronto… Es muy sacrificado… Con los bibis se crían la mar de bien… Los pediatras de hoy en día tienen muchas tonterías… Es muy esclavo… No podrás salir de casa… Qué feos se te quedarán los pechos…

Y yo soy cabezona…

Y como soy cabezona y sabía que los comentarios de la gente iban a ser mayormente aniquiladores, durante el embarazo leí, entendí, comprendí, aprehendí… y di unas instrucciones a mi pareja para no flaquear ante lo que me dijeran los demás.

Cierto es que yo no sé lo que son las grietas, ni las mastitis, y ni siquiera tuve que desprecintar el Purelan. Mis hijos me han facilitado enormemente el camino; pero la seguridad que yo he tenido en todo momento ha sido un gran punto a mi favor. Me he vuelto experta en los mecanismos para la fabricación de leche, crisis de lactancia, posición… y algo muy importante, que todas las mujeres podemos amamantar, casi casi sin excepción.

Los pediatras de mis hijos me han animado en mi decisión, sin trabas, ni peros, ni nada de nada. Y es muy de agradecer.

La única persona que me hizo dudar (y cabrear) es el ginecólogo que me me llevó em primer embarazo. Al plantearle la búsqueda del segundo me dijo que era esencial que dejara la lactancia para que no acabara en aborto y para que no tardase meses en llegar. Una vez más leí y contrasté la información. Ninguna reseña ACTUALIZADA al respecto. Así que seguí a lo mío (a lo nuestro). El embarazo llegó en un abrir y cerrar de ojos, y tan rápido como llegó, concluyó. Y no me culpo por haber estado dando el pecho. Hay muchos factores que pueden desencadenar un aborto, y en todo momento los profesionales que me atendieron me aseguraron que la lactancia no había tenido nada que ver en el desenlace.

Toda esta pereorata me hace reflexionar… todas las mamás que no lo han tenido tan fácil como yo… ¡No me extraña que los primeros días abandonen la lactancia! Los postpartos pueden ser muy duros emocionalmente, y sólo hace falta a la suegra y a la vecina de turno machacando con que el niño tiene hambre y que con un biberón se quedaría la mar de a gusto.

Con todo esto tampoco quiero que me consideréis una “talibana de la leche”. Ni juzgo a las que abandonan la lactancia ni a los que optan desde el primer momento a la lactancia aritificial.

Es mi experiencia pura y dura.

2 años y unos pocos días de feliz lactancia con mi primer hijo, y casi 22 meses con el segundo. Algún momento de tandancia en tándem. Destete tranquilo y nada traumático.

El balance es satisfactorio. Me siento feliz por haber seguido mi instinto, por haber confiado en mí y en mi capacidad de lactar. Por haber ignorado tantos comentarios a menudo malintencionados.

En conclusión, y como he dicho en alguna ocasión: Jen wins!

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One comment

  1. Genial jenny! Como siempre! Yo sueño con el día en que no sea necesario escribir este tipo de entradas porque las vecinas/madres/amigas de turno expliquen convencidas que todas las mujeres podemos dar el pecho y que si duele es porque la postura no es buena, y en lugar de recomendarte el abandono te recomienden el grupo de lactancia del barrio… Espero que nuestros hijas tengan un entorno mucho más fácil que nosotras y no sean necesarias las talibanas de la teta… Me alegro de esos finales de lactancia tan dulces! Muaaaaks

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