Supermamá

Hoy es el cumpleaños de la persona que me dio vida, que mejor regalo, aunque ella quizá no lo sepa, que dedicar un post a esa persona tan especial.

Algunos de mis lectores la conocen pero otros no. Mi ma es la persona más luchadora y fuerte que he conocido nunca. Tiene una capacidad de reponerse de las adversidades brutal. Es como acelerar de 0 a 100 en 5 segundos. Ella puede. Y no sólo con el coche, que es una fitipaldi con el Clio. En la vida me lo ha demostrado muchísimas veces. Su vida no ha sido fácil. No se puede decir que haya tenido una vida tortuosa de película ni mucho menos, pero nadie le ha puesto nunca las cosas fáciles. Será por eso que le gustan los retos. Infancia complicada en un entorno bastante hostil, eso sí, con una supermama: mi superyaya. Y también siempre acompañada de su hermano pequeño. ¡Menudo trío!

La adolescencia no sabría bien como definirla porque tampoco me la ha descrito demasiado. Supongo que llena de cambios. Una juventud que llegó pronto, después matrimonio, luego yo, luego mi hermana… Y entre medio supongo que también poquitos de cal y de arena.

Lo que sí tengo clarísimo es que en los últimos 10 años la vida le ha puesto a prueba. Y ella ha ido superando todo. El amor y la salud no los tiene demasiado de cara, pero puede decir con la cabeza muy alta que hay muchísima gente que la quiere. No estoy segura de si recibe todo lo que ella da. No, eso sería demasiado. Porque ella da todo, al máximo.

¿Su sueño? Vivir en una novela de Jazmín o Bianca. Encontrar su príncipe azul.

¿Mi sueño hacia ella? Montones de salud. Y felicidad. Y amor. Y todo lo que ella quiera. Y que no me falte nunca.

Yo puedo decir bien orgullosa que tuve una superyaya (también una antagonista a ella…) y por mucho que le fastidie a veces que le diga que se parece a su madre, se tiene que aguantar. Mi hijo y mi sobrina tienen una superyaya también. Por mucho dolor que tenga, aunque no tenga fuerzas para nada, cuando está harta de trabajar tantas horas… cuando ve a sus nietos… su cara se transforma. El dolor se le atenúa. Sus músculos toman fuerza para abrazar y malcriar a los peques. Igual que hacía mi superyaya conmigo.

Siempre está dispuesta a ayudar a cualquiera. Piensa antes en los demás que en sí misma. Es incapaz de llevarse mal con nadie y guarda una relación excepcional e inolvidable con sus dos ex. Tanto que a veces aún me sorprendo.  Lo poco que tiene, lo da. Sin pedir nada a cambio. Con una gran y sincera sonrisa.

Uf, qué difícil es describirla sin emocionarme.

Y qué emoción recordar también a mi yaya. Algún día le dedicaré un post. Aunque bien merece un libro entero.

Bien, se acabó la escritura por hoy.

Gracias por leerme.

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