¿Y esta vez qué traes?

Volvemos a lo de siempre. ¿Por qué las mujeres nos creemos que tenemos que seguir determinados cánones de belleza? No sé en qué sociedad vivimos. La mujer debe ser la perfecta madre, la perfecta esposa, vestir siempre bien, siempre maquillada, bien organizada, su casa siempre a punto, perfecta en su trabajo, gran amiga, sonriente, empática… y cómo no, con un cuerpo 10. ¿Pero qué es un cuerpo diez? Por lo visto el mío no. Gente ajena a mí se cree con el derecho de opinar sobre mi… tachán tachán… ¡MI BARRIGA!

A mí nunca me ha quitado el sueño medir sólo metro y medio. Bueno, de pequeña, mis compañeros de colegio insistieron en crearme un trauma, pero no lo consiguieron. No uso tacones. Me duelen los pies con ellos. No necesito pasar un mal rato por aparentar ser 5, 6, 12 centímetros más alta. No me hace ni mejor ni peor persona. Ni más inteliegente ni más tonta. Ni siquiera más guapa o más fea.

Tener barriga, a pesar de estar delgada, e incluso desde antes de haber sido madre, tampoco me ha preocupado en exceso ya que tengo buena salud. Pues bien, son innumerables las veces que me han preguntado si estoy embarazada. ¡Imagináos después de haber pasado por dos embarazos! Tengo barriga. ¿Y qué?

Ayer fue la gota que colmó el vaso. Fui a una relojería con mi madre y peques a escoger mi regalo de cumpleaños: un reloj. Pues bien, mientras yo elegía, los niños hacían de niños. A la señora dependienta, bien emperifollada, pura simpatía y amabilidad, no le importaba que jugasen en su establecimiento. Mientras intentaba convencerme de que el reloj escogido no tenía el cristal rallado, no se le ocurre otra que hacerme la pregunta del millón:

-¿Y ahora qué traes?

-¿Perdona?

-¿Niño o niña?

-Pues verás, ahora traigo gemelos -dije yo con cara de circunstancias mientras pensaba entre enviarla a paseo o más allá.

-¡Estás loca! -se atrevió a juzgar la tiparraja.

-No, no estoy embarazada. Estoy gorda. Es grasa.

-¡Ahhhhh! Entiendo… se te ha quedado barriga después de parir. ¡Vaya! Eso se soluciona haciendo abdominales y vistiendo ropita ancha. Hay vestiditos que te quedarían muy bien y te lo disimularía.

 

Varias cosas a comentar sobre la conversación…

En el caso que estuviera embarazada, y de gemelos además, ¿por qué tendría que estar loca? ¿Acaso le estaba pidiendo dinero para criar a mis hijos? ¡Sólo estaba comprando un reloj! ¿Me conoce? ¿Quién es ella para juzgar si estoy loca o no por volver a estar embarazada, en el caso que realmente lo estuviera?

Segundo: Ante su “cagada”, en vez de disculparse, insiste dándome trucos para disimular. ¿Qué tengo que disimular? ¿Debo disimular? ¿Soy peor persona por tener barriga? ¿Peor madre? ¿Peor profesional? ¿Peor esposa? ¡Anda ya!

Ante comentarios así me siento muy indignada. Y no porque tenga una barriga que puedan confundir con un embarazo… me indigno porque la gente sea tan esclava de un modelo de belleza. Yo no tengo ni quiero disimular. Si me considerase fea… ¿me pongo una careta? Si me considerase tonta… ¿cierro la boca para que no se note mi estupidez? Pues en el caso que me considerase barrigona, no pienso ser esclava de una faja.

Soy madre, con todos los cambios que eso ha comportado a mi cuerpo. La felicidad que me brinda ser madre hace que no añore el cuerpo que quizá tuve con 20 años. Hay que aceptarse tal y como se es. Sin más. Sin intentar disimular nada.

En fin… mi momento pataleta ya ha pasado. Finalmente no compré el reloj. Estaba rallado. Me dijeron que pasara a final de semana porque me pedirían otro igual. No pasaré. Me niego comprar nada a nadie así. ¡Será por relojerías!

 

Fin de una etapa, fin de la lactancia

Hace unos años cierta ginecóloga de prestigio de mi pueblo auguró en una revisión rutinaria que yo no podría amamantar a mis hijos llegado el momento.

Y yo soy cabezona…

Mi “tribu” está plagada de fracasos en lactancia…

Y yo soy cabezona…

Yo no tuve leche… Mi leche no era buena… Hacía mucho daño… Te cansarás pronto… Es muy sacrificado… Con los bibis se crían la mar de bien… Los pediatras de hoy en día tienen muchas tonterías… Es muy esclavo… No podrás salir de casa… Qué feos se te quedarán los pechos…

Y yo soy cabezona…

Y como soy cabezona y sabía que los comentarios de la gente iban a ser mayormente aniquiladores, durante el embarazo leí, entendí, comprendí, aprehendí… y di unas instrucciones a mi pareja para no flaquear ante lo que me dijeran los demás.

Cierto es que yo no sé lo que son las grietas, ni las mastitis, y ni siquiera tuve que desprecintar el Purelan. Mis hijos me han facilitado enormemente el camino; pero la seguridad que yo he tenido en todo momento ha sido un gran punto a mi favor. Me he vuelto experta en los mecanismos para la fabricación de leche, crisis de lactancia, posición… y algo muy importante, que todas las mujeres podemos amamantar, casi casi sin excepción.

Los pediatras de mis hijos me han animado en mi decisión, sin trabas, ni peros, ni nada de nada. Y es muy de agradecer.

La única persona que me hizo dudar (y cabrear) es el ginecólogo que me me llevó em primer embarazo. Al plantearle la búsqueda del segundo me dijo que era esencial que dejara la lactancia para que no acabara en aborto y para que no tardase meses en llegar. Una vez más leí y contrasté la información. Ninguna reseña ACTUALIZADA al respecto. Así que seguí a lo mío (a lo nuestro). El embarazo llegó en un abrir y cerrar de ojos, y tan rápido como llegó, concluyó. Y no me culpo por haber estado dando el pecho. Hay muchos factores que pueden desencadenar un aborto, y en todo momento los profesionales que me atendieron me aseguraron que la lactancia no había tenido nada que ver en el desenlace.

Toda esta pereorata me hace reflexionar… todas las mamás que no lo han tenido tan fácil como yo… ¡No me extraña que los primeros días abandonen la lactancia! Los postpartos pueden ser muy duros emocionalmente, y sólo hace falta a la suegra y a la vecina de turno machacando con que el niño tiene hambre y que con un biberón se quedaría la mar de a gusto.

Con todo esto tampoco quiero que me consideréis una “talibana de la leche”. Ni juzgo a las que abandonan la lactancia ni a los que optan desde el primer momento a la lactancia aritificial.

Es mi experiencia pura y dura.

2 años y unos pocos días de feliz lactancia con mi primer hijo, y casi 22 meses con el segundo. Algún momento de tandancia en tándem. Destete tranquilo y nada traumático.

El balance es satisfactorio. Me siento feliz por haber seguido mi instinto, por haber confiado en mí y en mi capacidad de lactar. Por haber ignorado tantos comentarios a menudo malintencionados.

En conclusión, y como he dicho en alguna ocasión: Jen wins!

Carta a sus majestades los Reyes Magos de Oriente…

Sí, estamos a horas que vengan sus majestades los Reyes Magos de Oriente… Y los esperamos con ansia, con emoción con… Dios mío, ¡que en casa somos republicanos! (y ateos, perdón por la expresión “Dios mío”). Pero vemos la carita de felicidad y desesperación ante la tan esperada llegada… y todos caemos en la tentación. Nos volvemos monárquicos por unas horas. Creemos en la dulce y pueril ilusión… Sé de uno que hoy le ha costado dormir. Y sé lo que ocurrirá mañana. Que se le hará el día larguísimo. Sé que despertará preguntando a qué hora llegan los Reyes. No habrá pasado ni diez minutos que lo volverá a preguntar… y así en un bucle infinito (que me lo conozco yo como si lo hubiera parido) hasta que hacia las 5 de la tarda decidamos desplazarnos a tomar nuestros puestos en la cabalgata… ¡Y suerte que aquí los pajes entregan los regalos en mano después del desfile de trajes brillantes!

Pero… ¿qué pasa con nosotros? Sí, nosotros, los adultos. Tú, y tú, y tú. ¿Ya habéis hecho la carta a los reyes?

Llegados a este punto (o a esta edad), creo que existen dos posibilidades:

1) No hago carta porque yo me compro lo que quiero en el momento en que quiero.

2) Substituyo la carta a los reyes por una lista de propósitos para el año que acabamos de estrenar.

Yo, personalmente, hago un mix de las 2. Llegados estas fechas me cuesta mucho pedir un regalo. La verdad es que en cuanto se me mete algo entre ceja y ceja, soy de pensarlo más bien poco. Si la economía me lo permite, voy a la tienda y lo compro.

Y cuanto a los propósitos… No soy de las que empiezan el año y se proponen dejar de fumar, ir más al gimnasio, aprender inglés y adelgazar… Ni fumo, ni me gusta el deporte, ni tengo tiempo para inglés y cuanto a adelgazar… unos 5 kilitos no me irían mal, pero sé que la voluntad se me fue de vacaciones sin billete de vuelta… así que mis propósitos no son de ese calibre. Más que propósitos podría llamarlos deseos…

¿Y qué deseo para este 2015? Pues una buena dosis de los típicos y tópicos: salud para toda la familia, trabajo, amor, que me toque la lotería… (qué bonito, casi me emociono…).

Pero yo necesito tiempo, diversión, kilos de risas, buen ambiente, largas charlas, momentos en familia, momentos con mi compañero de vida, momentos con mis amigos, cenas hasta las tantas de la noche en buena compañía, más lecturas, más costuras, que la música inunde mi vida, más conciertos, más noches frenéticas, quedarme sin voz ante música en directo, ver a Metallica…

Aixxxx… cojo aire. Sonrío. Pienso. Vuelvo a posar mis dedos sobre el teclado…

Si lo que deseo, a mis 32 años, no es nada material… ¿por qué la gente se empeña en que los niños tienen que vivir entre regalos materiales? No lo entiendo. No me entra en la cabeza. Y no hay manera de hacérselo entender a los que me rodean. ¿Os habéis parado a pensar en algún recuerdo de niñez? ¿Tiene éste algo que ver con el día en que os regalaron una u otra cosa? ¿O es más bien un abrazo, un paseo, el día en que os llevaron a…? No sé si me seguís en lo que quiero decir…

Éste texto no es más que un miscelánea más. Son las 2:32 de la madrugada y tenía ganas de escribir. Las ideas me llevan a otras, escribo sin orden ni concierto (sí chicos, justo lo que os digo que no debéis hacer en vuestras redacciones). Pero ¿qué más da?

¿El que se cumplan los deseos para el nuevo año tienen que ver con el habernos portado bien o mal? ¿Qué es el bien? ¿Qué es el mal? ¿Quién lo controla? ¿Quién concede los deseos? ¿De dónde venimos y hacia dónde vamos? (Uy, la última pregunta no vendría en este bloque de preguntas, sería más apropiada para un domingo a las seis de la mañana tras una noche de fiesta…).

Decimos a los niños que se deben portar bien para que los reyes les traigan sus regalos. ¿Hay niños malos? ¿O son sólo traviesos? ¿Educamos con la única recompensa de un regalo? ¿Un regalo debe de ser la única recompensa? Y algo que me preocupa… ¿qué puede pensar la cabecita de un niño sobre eso de que “los reyes lo saben todo”? ¿Debemos seguir educando bajo el miedo y las amenazas?

Yo soy la primera que estos días de falta de rutinas y obligaciones, mi peque mayor, que siempre es un sol, tiene momentos de “pérdida de control” y no siempre se comporta como nos gusta a los mayores que haga… y recurrimos a la frase socorrida de estos días: “Uy, mira como te estás portando y los reyes lo ven todo…”. Y él está preocupado porque no sabe cómo le pueden ver incluso en casa. Creo que está algo asustado porque su mente va un paso más allá.

¿Tiene algo que ver con el miedo que nos inculca la religión? ¿Miedo a los fantasmas? ¿Pórtate bien incluso en la intimidad porque Dios está en todas partes? Incluso cuando te duchas, cuando estás en la intimidad de tus sábanas… ¿Actuaríamos de la misma manera si supiéramos que Dios o algún fantasma a lo Ghost puediera ver todo TODO lo que hacemos?

En fin… muchas, muchísimas preguntas abiertas… Todo un año por delante. Deseos en el aire. Propósitos. Sueños.

Y mañana vienen los Reyes. Cargaditos de regalos. Caras de ilusión. Y una pregunta acompañará, como ya he explicado, mi día. ¿A qué hora llegan? ¿Tardarán mucho? ¿Y qué hora es? ¿Falta mucho?

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¡PREMIO LIEBSTER AWARD!

Pip pip pip… Suena mi móvil. Un e-mail. Nueva entrada de Cosetes nostres. La empiezo a leer. ¡Qué bien! ¡Ha ganado un premio! Sigo leyendo… ¡Me ha nominado a mí también al premio Liebster Award!¡Iuuuuuuuupiiiiiiiii!

Hace ya unos días de ello, pero entre el final de trimestre, preparar el viaje, viajar a Nueva York (la crónica del viaje está en el tintero), la Navidad y estar en familia… no había tenido tiempo para recibir el premio. Pero hoy sí… hoy acabo (que ya lleva dias emezada esta entrada). Y de nominada paso a premiada. ¡Me encanta!

¿Y en qué consiste el Liebster Award? Pues aquí hay mucha información. En resumen, es una iniciativa para dar a conocer blogs pequeños.

Las 5 normas básicas para poder recibir el premio son las siguientes:

  1. Agradecer al blog que te ha enviado la nominación y seguirlo.

     2. Hacer una visita a los blogs compañeros de nominación.

     3. Responder las 11 preguntas que te han hecho.

     4. Nominar 11 blogs con menos de 200 seguidores y avisarles de la nominación.

     5. Hacer 11 preguntas

Pues allá vamos…

1)

Como ya os he dicho, yo ya era seguidora de Cosetes Nostres desde su primera entrada. Conozco la sensibilidad de su creadora, y sabía que mediante palabras no me iba a decepcionar. Dulces palabras y crianza sensata. Mil gracias Cris por la nominación. Muaaaaaks.

2) Blogs visitados

3) ¿Respondemos las preguntas? Ay madre…

  • Per què vas començar el bloc? (¿Por qué empezaste el blog?)

Fue una decisión rápida y nada premeditada. Querer retomar el hábito de escribir y que me pudiesen leer. Pura vanidad, supongo.

Aquí está mi primera entrada con mi declaración de intenciones (que ha ido evolucionando conmigo).

  • De què voldries escriure però encara no t’has atrevit? (¿De qué querrías escribir pero todavía no te has atrevido?

Hay muchos temas… Supongo un buen resumen de ellos sería: Sexo, drogas y rock&roll.

  • Quin és aquell bloc que sempre llegeixes i esperes amb ànsies? (¿Cuál es aquel blog que siempre lees y esperas con ansias?)

Desde hace muy poco me considero fan de Sr. Lobo y espero con desespero sus entradas. Son risas aseguradas. Me consta que dentro de la “secta” somos unas cuantas seguidoras y tramamos organizar un club de fans ;P

  • Quina de les teves entrades et fa sentir més orgullós/a? (¿Cuál de tus entradas te hace sentir más orgullosa?

¿La verdad? Ninguna.

  • Quina de les teves entrades et va costar més d’escriure? (¿Cuál de tus entradas te costó más escribir?)

El nacimiento de Illya. Puro sentimiento y emoción. Entrañas hechas palabras.

  • Quin és el teu llibre preferit? (¿Cuál es tu libro preferido?)

¿Me tengo que decantar sólo por uno? ¡Qué difícil!

Me cuesta mojarme, así que pondré un clásico: Don Quijote de la Mancha; y como lectura más moderna… cualquier libro de Carlos Ruiz Zafón.

  • Quina és la teva pel·lícula preferida? (¿Cuál es tu película favorita?

La lista de Schindler, sin lugar a dudas.

  • Què és el que fa especials als teus fills? Què destacaries d’ells?(¿Qué es lo que hace especial a tus hijos?¿Qué destacarías de ellos?)

Bonita pregunta. Lo que hace especiales a mis hijos es que son únicos. Del mayor destaco su creatividad y su manera de dar vueltas a las cosas. Del pequeño, su sonrisa de pícaro.

Por supuesto que hay miles de cosas más, pero me las guardo para mí😉

  • Quines són les teves aficions. “A qué dedica el tiempo libre”, vaja… (Cuáles son tus aficiones. “A qué dedica el tiempo libre”, vaya…)

Últimamente mis aficiones, a parte de estar con la familia, son coser y leer. Ésta última en menor medida por falta de tiempo… A todo no llego. (¿Sabéis dónde venden tiempo?). La afición de este último año ha sido sin duda alguna coser. Nunca en la vida se me hubiera ocurrido… pero ahí está. Altmente adictivo.

  • De què tens pensat parlar-nos properament? Per què no avances alguns dels temes que tinguis en ment? (¿De qué tienes pensado hablar próximamente? ¿Por qué no nos avanzas algunos de los temas que tengas en mente?)

Pues lo que ahora llevo entre manos es la crónica de mi viaje a Nueva York y un par de tutoriales (costura y repostería).

  • El millor moment del dia d’avui (El mejor momento del dia de hoy)

Esta mañana en la cama, en una guerra de cosquillas con mis piratillas. Es una imagen familiar muy bucólica, pero ¡es que es genial!

4) Blogs nominados:

FentPensantDient

El Blog del Sr. Lobo

Senyoreta Pots

Ratpenat de biblioteca

La Lio Parda

5) Y mis preguntas para los blogs nominados son…

1. ¿Por qué un blog?

2. Tu blog preferido es…

3. Si pudieras comprar tiempo, ¿en qué lo invertirías?

4. Lo que todavía no has escrito en tu blog y te mueres de ganas.

5. La canción que siempre te levanta el ánimo es…

6. El libro que ha marcado tu vida.

7. Tu mayor éxito.

8. ¿Algún consejo a tus enemigos?

9. ¿Qué tres cosas te llevarías a una isla desierta?

10. ¿Qué es imprescindible en tu vida? ¿Por qué?

11. Cuando miras la luna piensas que…

¡Creo que ya cumplo con todos los requisitos! ¡Feliiiiiiiiiiz!

 

Los números de 2014

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2014 de este blog.

Aquí hay un extracto:

La sala de conciertos de la Ópera de Sydney contiene 2.700 personas. Este blog ha sido visto cerca de 12.000 veces en 2014. Si fuera un concierto en el Sydney Opera House, se se necesitarían alrededor de 4 presentaciones con entradas agotadas para que todos lo vean.

Haz click para ver el reporte completo.

Cada uno duerme como quiere, como puede o como le dejan

Hoy dejo de lado la costura y vuelvo a los orígenes del blog, a hacer una entrada de lo más “miscelánea” para reflexionar sobre el dormir.

En los últimos tiempos he hablado con bastante gente sobre cómo duermen sus hijos (y los míos) y veo que el colecho es una práctica mucho más habitual de lo que la sociedad cree pero de la que la gente se avergüenza o esconde.

Escucho a mamás que confiesan avergonzadas que sus hijos duermen con ellas porque así duermen mejor, poniendo excusas, parapetándose… Pero señoras, amigas, mamás… si vosotras y vuestros hijos dormís bien así ¿qué tiene de malo? ¿Qué tiene de vergonzoso? ¿Por qué razón hay que mentir al pediatra y decirle que nuestro lindísimo hijo duerme solito en su cama toooooda la noche si no es cierto?

Yo lo tengo claro: lo primero de todo, es dormir y descansar. Cada familia es libre para elegir cómo.

Algunos colechan desde el mismo nacimiento hasta que su hijo se independiza en su propia habitación y por iniciativa propia. Genial.

Otros colechan cuando ven que el resto de alternativas no les ha funcionado. Genial.

Otros colechan una parte de la noche. Genial.

Algunos colechan en la habitación de los niños. Genial.

Otros colechan en la habitación de los padres. Genial.

Otros duermen cada uno en su habitación. Genial también.

¿Hemos echado un ojo a cómo duermen en otras culturas? A lo mejor nos pensamos que en la Prehistoria cada miembro de la familia tenía una zona en la cueva. ¿O dormían todos juntitos? Me decanto más por la segunda opción.

¿Y en África? ¿Y en Asia?

¿Por qué creemos que en la cultura occidental, la más avanzada, la más fantástica, la predominante, la que más sabe, la que todo el mundo debe seguir, la que todo lo hace bien, se debe dormir cada uno en su habitación?  (Nótese la ironía en modo ON)

Si las familias pudieran hablar libremente, sin vergüenzas, sin temor al qué dirán, sobre cómo duermen, no tendríamos tantas tonterías.

Y quién habla de niños, la cama es extraprobable a todos los sentidos. Cada uno en la cama hace lo que su moral, su ideología, su corazón y su razón, le pida. Ya está bien de tantos tabús, de tantas barreras, de tantas tonterías.

Dejemos ya de juzgar al vecino de al lado porque su niñito no sabe dormir solo, como Dios manda (anda que…). O mentir a la profesora del niñito diciendo que duerme en su habitación la mar de bien toda la noche.

Seamos honestos.

Sin vergüenzas.

Relativicemos.

No veamos mal allá donde no lo hay.

Fuera tonterías.

Gamma Ray again… Barcelona, 3 de abril de 2014

Pasó el esperado 3 de abril de 2014, día en que vería a Gamma Ray por décima vez y a Kai Hansen por undécima… Y como era de esperar… ¡¡¡¡fue GENIAL!!!!

Para variar, y como si de ir a Manresa con Labanda se tratase, llovía. Viene siendo ya un habitual cuando se va de concierto, y más si es de Gamma Ray. El único inconveniente fue la gran caravana de coches que nos hizo retrasar más de lo esperado y entrar en la sala justo cuando los Rhapsody habían acabado…

Ventajas: Gran compañía.

Por suerte, veríamos a Gamma Ray empezar, desde nuestro sitio privilegiado, bien cerca de ellos y sin apretones de los de detrás.

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Henjo, Dirk, Michael, Kai… todos allí, frente a nosotros, dándolo todo tras su Welcome… Kilitos de más, tatuaje nuevo y pelo artificial en Kai, pero no por ello menos simpatía y entrega. Y es que ellos son así. Demuestran en todo momento su agradecimiento. No van de prepotentes, de divos, de stars… Son los Gamma, aquellos chicos que hace mucho salieron de Hamburgo con intención de crear buena música, de perpetuar el Power Metal, de hacer vibrar a quien les escuche… Objetivo conseguido. Un público tan entregado como ellos. Saltos, coros, gritos, manos alzadas, sonrisas, entusiasmo, coleguismo, caras conocidas, heavy metal, power metal, to the metal… Empire of the Undead…

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Avalon, Heaven can wait, Hellbent, Tribute to the past, I want out, Pale rider, Time for deliverance, Blood Religion, Master of confusion, Empire of the undead, Rebellion in dramland, Land of the free, Man on a mission, To the metal, Send me a sign… Solo de batería. El Golpe. De la expectación, la euforia a la despedida. Wellcome Barcelona!!!! See you soon Barcelona… Vacío. Adios…

Pero no es un adios definitivo, es un hasta ahora. En un rato, en la puerta trasera, más expectación, nervios, sonrisas, abrazos, besos… Lástima no dominar más inglés. Dispuestos a charlar con sus fans, sin prisas, con alegría…

Kai my God.

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Mis alumnos y otras reflexiones

He prometido a mis alumnos del 3.1 que escribiría un texto sobre ellos y lo publicaría en mi blog personal… Y aquí estoy, un montón de días después de la promesa, ante la pantalla del ordenador, con el terrible pánico a la página en blanco… ¿Y por qué habré sido yo tan bocazas? Ahora me siento como ellos, tal y como ellos se deben de sentir cuando les mando alguna redacción sobre el tema X. Pero si ellos se espabilan para presentarme algo decente, lo mismo tendré que hacer yo.

Así que vamos a ello.

Pero ¿qué escribir? Son ya 8 cursos los que llevo a las espaldas como profesora de secundaria. Profe de caste. Y 8 cursos dan para muchas anécdotas, muchos momentos, muchas situaciones. Risas, estrés, enfados, carcajadas, confidencias, secretos y confesiones. Pero sobre todo, enseñanzas. No me refiero solo a las “lecciones” que yo les pueda explicar. No sé hasta qué punto mis enseñanzas sobre los sintagmas nominales, las oraciones subordinadas sustantivas, la narración o la literatura del Barroco puede calar en ellos. Pero ellos sí me dan enseñanzas de vida. Me gusta ver el mundo a través de sus ojos. Sentir el tiempo a través de su edad. Palpar la vida a través de sus experiencias. Vivir durante una media de 6 horas al día anclada a los 15 años no está nada mal. Ojalá nunca pierda esa perspectiva, porque supondrá que les pierdo a ellos. Me gusta vivir en consonancia con su adolescencia. Que no me sientan “mayor”, alejada de sus preocupaciones. Siento empatía hacia ellos.

Recuerdo perfectamente mi primera clase, en el grupo 1ºC del IES Pablo R. Picasso de Barcelona. ¡Menudo curso! Pero de allí me fui con un buen rodaje hecho y una mochila repleta de anécdotas que espero no olvidar nunca. ¡Menudos personajillos aquellos! No voy a negar que los inicios no fueron fáciles, pero logré estar en sintonía con ellos. Y aunque seguramente no aprendieran mucha cosa sobre lengua, me dejaron un gran recuerdo. Recuerdo grande como los compañeros que allí me acompañaron. Allí aprendí que por el camino encontraría grandes profesionales al lado de los cuales aprendería muchísimo. Gran gente los del Picasso.

Para variar, me voy por las ramas. Después del Picasso vino mi centro actual, MI instituto. Y es que al Pla de les Moreres me lo siento muy mío. Mi instituto de ESO y Bachillerato, y mi instituto centro de trabajo. Allí me he formado como alumna y profesora. Grandiosos compañeros a los que quiero un montón. De los que aprendo cada día. Algunos fueron en su día mis profes. ¿Quién nos iba a decir que ahora serían mis colegas? Con ellos no solo comparto grupos. Comparto mis días, charlas, confidencias, amistad, desayunos, risas, libros, películas, conciertos, series… Somos una pequeña gran familia.

¿Qué sería el instituto sin esos pequeños grandes diablillos que lo habitan? Nada. A ellos nos debemos. A ellos les dedicamos horas y horas… Bolígrafos rojos a mansalva también.

No sé en qué momento decidí hacerme profesora. Creo recordar que desde bien pequeñita ya jugaba con mi pizarra a hacer de maestra. Supongo que algo habitual en la infancia. Pero según iba creciendo mi deseo por enseñar aumentaba.

Tuve mis momentos de duda, en los que mi “vocación” cambió. ¿Sería pediatra? ¿Sería abogada? ¿Sería criminóloga? Pero cierto profesor de lengua castellana (actual compañero mío, por cierto) sin él saberlo seguramente, me iluminó. Me mostró el camino. Yo quería ser como él. Quería conseguir que algún alumno captara mi atención como él conseguía conmigo. Me mostró su pasión por la lengua y por la literatura sin siquiera decirnos que él las amaba. De él aprendí. Después vinieron unos cuantos más que me allanaron el camino. Unos para bien, y otros para mal. No nos engañemos, ¡hay profesores de todo tipo!

Al fin me decidí por la Filología Hispánica y por el camino me encontré compañeros y profesores excepcionales. Y como os digo, acabé cerrando el ciclo volviendo a mi nido, a mi instituto.

Todos los alumnos dejan una marca en mí. De todos me llevo algún recuerdo, a pesar de que haya alguno del que empiezo a no recordar el nombre. Otros nombres me quedarán grabados a fuego para siempre. La primera generación de alumnos la recuerdo con especial cariño. Seis años de sus vidas aguantando mis clases y mis charlas sobre lengua y sobre vida. Pobrecillos. ¿Pero sabéis con qué me quedo? Que siempre que me ven, me vienen a saludar con una gran sonrisa. Me escriben de tanto en tanto por el Facebook, ya sea en el muro o por privado. Recibo mails de ellos en los que me explican sus peripecias vitales. Y como decía más arriba, no sé si recordarán los tipos de morfemas dependientes derivativos, pero me recuerdan con cariño. Igual que yo a ellos.

Detrás de ellos van ya 2 generaciones más. Con la penúltima pudimos hablar muchísimo sobre música. Sobre heavy. Y hasta los que eran aférrimos seguidores del reggeton y del hardcore, acabaron escuchando con una sonrisa los acordes de Gamma Ray. Respeto. Aprendieron respeto, eso seguro. Miles de confidencias me llevo de ellos.

Y de esta última generación, de mis “terceros”… ¿qué digo? ¡Ay de mí! ¡Ay infelice! ¡Qué manera de empezar! Reincorporarme con el curso empezado ha sido duro para mí. Ellos no lo han puesto nada fácil. Su fama les precedía, y en un principio, hicieron honor a todo lo que había oído. Casi acaban con mi paciencia de santa. Pusieron a prueba mis cuerdas vocales. Frialdad. Es lo que recibí de ellos en las primeras clases. Pero ahora, casi 4 meses después, creo que puedo decir que las cosas han cambiado. Es imposible conseguir en poco más de 3 meses la confianza creada en 2 ó 6 cursos… Pero como se suele decir en catalán, “de mica en mica s’omple la pica”. Ya voy viendo sonrisas. Ya me explican sus preocupaciones. Ya comparten sus alegrías. Ya hemos empezado poco a poco el adiestramiento auditivo verso al heavy. Poc a poc.

Y fue en una clase de confidencias con el 3.1, en la que a parte de hacer clase me pidieron desahogarse, que después de mucho reír y casi llorar. Después de enfadarse y recapacitar, supieron de la existencia de este mi humilde blog. Y quisieron que escribiera sobre ellos.

Ahora que voy acabando me doy cuenta que este texto no es lo que yo pretendía en un principio, ni tampoco lo que ellos esperan. Pero “ojú” que a gustito me he quedado explicando todo esto. Esta ha sido mi autoterapia. Mi autoafirmación. Adoro ser profe. Hoy por hoy, y espero que mis sentimientos no cambien, no me gustaría ejercer de ninguna otra profesión. Quiero seguir con mis adolescentes, codo con codo, palabra tras palabra, redacción tras redacción. Aportación mutua.

No quiero despedir esta entrada sin nombrar algunos de los nombres que han pasado por mi mente mientras este escrito ha brotado de mí. Que conste que el orden de los factores no es determinante. A casi todos los aprecio por igual, ya sabéis que algunos habéis sido de mis preferidos y a otros os he tenido mucha manía😉 Tampoco son todos los que están ni están todos los que son.

Noelia, Álex, Bea, Dani, Oualid, Kevin, Mónica, Ana, Sara, Joaquín, Amós, Irene, Víctor, Illya, Adrián, María, Nerea, Jenny, Toni, Oriol, Soufian, Núria, Sandra, David, Fiamma, Claudia, Eric, Abel, Lina, Anouk, Raquel, Laura, Míriam, Patricia, Yoscar, Ivet, Laia, Raúl…

Melocotón loco

¡Oh Dios mío! ¡Qué me está pasando! Tanto renegar que mi madre sólo leía novelas de Jazmín y Bianca, y voy yo ahora y me aficiono a las comedias románticas (o eróticas algunas) al estilo de Megan Maxwell. Aquí me faltaría ese emoticono tan gracioso del Whatsap en el que la carita amarilla se pone al estilo de Solo en casa.

Mis lecturas profundas de filóloga van desapareciendo de mi vida por falta de tiempo. Pero quiero leer, necesito leer. Siempre había renegado de los Best Sellers y estoy cayendo en su trampa… ¿Será haber pasado la barrera de los treinta? ¿Ser madre? ¿La falta de tiempo? ¿El alejarme de la universidad? La cuestión es que cada vez que pienso en aprovechar un ratito para leer, lo que más me viene de cara es alguna novela ligerita, que entre bien, que se entienda bien y que me entretenga. Engancharte a una novela con un lenguaje rico y profundo comporta tiempo para recrearte. Y cuando lees casi a escondidas, después de haber acostado a los niños, después de haber preparado las clases para el día siguiente, mochilas, agendas, ropa, ducha… Antes que alguno de los dos se despierte y te interrumpa la lectura. Robándole horas de sueño a Morfeo… Caes. Caes en lo que juraste que no te gustaba, en lo que juraste que no harías…

Y así me veo yo ahora. Acabo de leerme en cuatro días Melocotón Loco, la nueva novela de Megan Maxwell. Y qué decir… ¡me ha encantado! Sé que no será nunca un canon en literatura, pero Maxwell tampoco no aspira a eso. Cumple con la expectativa de muchas chicas y mujeres. Una lectura ligerita, divertida, con amor, enfados, situaciones complicadas, bomberos de escándalo… Y es que me gusta la forma que tiene esta autora de meterte en sus tramas y hacer que quieras a sus personajes. Sufres con ellos, te ríes con ellos, te enfadas con ellos, te enamoras con ellos… Engancha desde la primera página hasta la última, necesitas saber más. Llegas a decir más de cincuenta veces cada noche “sólo una página más y me voy a dormir”. Me gusta cuando un libro me atrapa. No soporto cuando un libro me es indiferente y no tengo esa necesidad imperiosa de seguir leyendo.

Así que si os apetece una novela ligerita, divertida, con su puntito sexy… os recomiendo esta historia de este bombero que os “almendrará” y quizá en algún momento os pueda hacer “chorar”. Hay algún aspecto muy puntual y superfluo para la trama que no me ha gustado: yo prefiero la música heavy a cualquier música sentimental y romanticona al estilo de Luis Miguel o Pedro Alborán. Para los gustos los colores. Al menos me quedo con que a Rodrigo le gustaba Metallica. Y otro aspecto que me da un pelín de repelús por decirlo de alguna manera, ¡es que a los niños los alimentan con biberones! Pero señoras mías, ¡para que nos dio Dios un par de razones para amamantar de manera natural a nuestros hijos! ¡Los pechos no son únicamente un “objeto sexual”! No comparto esa manera artificial de ver la lactancia y la maternidad en general; tampoco los partos. Desde que soy madre veo ciertos aspectos en la sociedad muy extendidos y me gustaría que cambiaran. Pero bien, no era ese el cometido de la novela.

Y como he empezado diciendo, mi madre y mi yaya tuvieron una época en la que devoraban las novelitas de Jazmín y Bianca. Y yo las criticaba. Y yo estoy haciendo algo parecido… Nota para el futuro: vigila lo que dices…

Y llegaron las rebajas…

Se han acabado las vacaciones de Navidad, los días de consumismo y falsedad. También han acabado los días de suma alegría y nerviosismo para los niños.

Y es que las navidades se viven de manera muy distinta según la edad. Miro hacia atrás, unos cuantos años atrás, y veo a una niña rubita y tímida que deseaba que llegaran las navidades. Recuerdo el árbol de Navidad, las luces de las calles, las comilonas y las cenas, la ternera en salsa de mi yaya María, los clásicos de mi madre: zarzuela y pollo con gambas. La cabalgata de reyes, pajes tirando caramelos, montañas de regalos… Sí, montañas. Regalos y regalos y más regalos. Recibíamos más regalos de los que podíamos recordar y ni siquiera pedir en la carta.

Supongo que el hecho de que mis padres no tuvieran regalos por Navidades ni por cumpleaños ni por santos ni nada, provocó ese exceso en nuestra infancia. Ellos eran felices viéndonos abrir tantos. Nosotras dudo que lo fuéramos más. De todas esas toneladas de juguetes, los que recuerdo con más cariño, mis nenucos, una bici y mi primer ordenador. Del resto, quizá algún vago recuerdo.

¿Y qué provoca eso en mí? Pues que yo no quiera eso para mis hijos. No quiero que mis hijos se pasen la noche de reyes abriendo paquetes envueltos con coloridos papeles sin parar. No quiero salir de mi propio piso para poder almacenar tal cantidad de juguetes, juguetes a los que no prestarán demasiada atención, que quedarán en el olvido. Estrés visual y musical. Lucecitas y cancioncillas monótonas y estresantes. No. No quiero. No creo que sea lo mejor para un niño. No creo que niños tan pequeños puedan llegar a valorar y apreciar la ingente cantidad de regalos que reciben. Estoy totalmente convencida que tantas musiquitas y luces no hacen a niños más inteligentes. No quiero ver tampoco la cara de decepción de abuelos y tíos cuando los niños acaban jugando con las cajas y los papeles en los que iban sus preciados regalos. No.

No me gusta esta sociedad tan consumista y no quiero que mis hijos sean consumidores en potencia. Lo evitaré siempre que sea posible.

Para variar, me voy desviando del tema.

¿Qué recuerdo de mis Navidades adolescentes? Recuerdo aburrimiento y hastío. Yo prefería irme con mi novio antes que aguantar a toda la familia. Ya tenía claro que la Navidad era la época más falsa del año. Cenas, besos y abrazos con gente que no te apetecía ver, que durante el resto del año no tenías ningún interés en visitar (ni ellos a ti, por supuesto). Mis padres dejaron de vivir la ilusión de la navidad a través de nosotras y también se convirtió en época de hastío.

Los años pasaron y mi visión pesimista fue cambiando. Vivir la Navidad con los amigos, es decir, con la familia escogida, es muy diferente. Risas alrededor de una mesa. Seguramente no tan buenos manjares, pero sí muy buena compañía. Los momentos con la familia de sangre se reducen notablemente porque vas con los elegidos, no con los impuestos. Ya no importa el no quedar bien. Qué más da. Así esos momentos sí se hacen muy agradables y esperados.

¿Y las Navidades con hijos? A pesar del caos y desajuste de horarios que suponen los días de fiesta, una nueva chispa de alegría te invade. Vivir tu niñez en los ojos de tus hijos, volver a mirar con una nueva mirada las luces, los árboles… Volver a cantar villancicos casi olvidados, volver a mirar anuncios de juguetes… La vida va cambiando, va dando vueltas. Y lo que hace quince años parecía impensable, hoy es posible. Y bonito. Y lo disfruto.

Pero ahora sí, ya han acabado. Acabamos una etapa de consumismo y falsedad para adentrarnos en otra quizá peor… Rebajas y cuesta de enero. Feliz año.

El nacimiento de Illya

Las semanas pasaban y yo iba esperando tu llegada. Parece que 9 meses en la vida de una persona es algo insignificante, pero cuando se trata de 9 meses  esperando la llegada de tu hijo, es un tempo lento, largo, lleno de esperanza, alegría, miedos, inquietudes…

Entre esos y más sentimientos fueron pasando los días. Difícil imaginar cómo serías y cómo sería el momento. Tenía claro que no quería volver a pasar por una cesárea, que quería un nacimiento más bonito, más intenso, más humano… Soñé muchas veces con el parto, con un alumbramiento nada doloroso, lleno de emoción.

Desde las 37 semanas estaba más que preparada para tu nacimiento porque tu abuelo hizo una de sus predicciones y tenía muy claro que nacerías a finales de abril, en concreto, entre el 21 y el 29. Así que desde esa misma semana yo estuve permanentemente alerta a cualquier cambio en mi cuerpo, a cualquier aviso. Muchas contracciones iban y venían, sobre todo por las noches. Eran avisos de que el momento se acercaba, pero no acababa de llegar. Esa dulce espera empezaba a desesperarme. Y así, noche tras noche, contracción tras contracción, llegamos a la noche que daría pie a la semana 41 de nuestro embarazo…

Cuando me acosté nada me hacía imaginar que el momento estaba ya muy cerca. De hecho, a las doce del mediodía de ese 17 de mayo de 2013 tenía visita de nuevo con la ginecóloga para un nuevo control y probablemente empezar a hablar de inducción. No quería. No. Quería vivir contigo lo que no pude o no me dejaron con tu hermano. Quería saber lo que era parir y ponerme de parto. Sabía que juntos podíamos. Y tanto que pudimos…

A las dos en punto de la madrugada una contracción con cara y ojos me despertó. La recibí con gran alegría porque ninguna de las contracciones que había tenido había sido tan fuerte. Con una gran sonrisa en mi cara seguí en la cama esperando a ver cómo evolucionaría la cosa. Tan solo 3 minutos después, otra contracción. Y tres minutos más tarde, otra. Y pasados otros tres, otra. Así durante una hora. Yo ya me había levantado y andaba por la casa contenta, feliz, concentrándome en lo que iba a venir, imaginando qué pasaría, oxigenándome para que tú estuvieras bien. Paseos y ejercicios en la pelota. A las 3 de la madrugada desperté a tu padre y un momento cómico ocurrió:

-Sergi, despierta. Estoy de parto.

-¿Y tú cómo lo sabes?

Una vez papá avisado, preparé la bañera con agua calentita y velas. Luces apagadas. En el agua tú y yo. La respiración acompañaba las contracciones y yo te hablaba. Estábamos preparados y formaríamos un gran equipo. Tenías que ayudarme a darte el nacimiento que yo quería para ti.

Al rato ya no soportaba estar dentro de la bañera. No por el dolor, sino por el calor. Salí de la bañera y seguí con mis movimientos circulares de cadera y una respiración que me hacía meter en mí misma.

No recuerdo exactamente a qué hora sería pero llegó el momento de llamar a mi madre para que viniera para quedarse con Ahren. No sabía cuándo sería el momento indicado para ir al hospital, si las contracciones cederían o si irían a más. Así que por si las moscas, mejor tenerla en casa. En esas tu hermano se despertó y desveló. Quería ver los dibujos y jugar. No poder dar rienda suelta a mis sentimientos por miedo a asustar a tu hermano me hizo perder un poco la concentración. Las contracciones se volvieron más dolorosas. Llegó la yaya y la situación se me empezó a escapar un poco de las manos. Me metí en la habitación y pasaba las contracciones a cuatro patas en la cama, pero no estaba del todo cómoda. No quería gritar por Ahren ni por los vecinos. Me sentía cohibida.

Hacia las 6 de la mañana, aunque sabía que el momento no había llegado, decidí que nos íbamos al hospital. Contracciones y coches era una combinación que me asustaba un poco. Emprendimos el viaje y pareció que las contracciones se espaciaban. Era algo de agradecer pero que a la misma vez me hacía pensar en que el momento parto se me alejaba…

Llegamos al hospital y tu padre me acompañó hasta la recepción. A mí me entraron a un box y papá arregló los papeles. Una enfermera y una ginecóloga muy jóvenes y agradables me acomodaron, me pusieron monitores y me hicieron un tacto. Dilatada de 3 casi 4. Íbamos muy bien pero faltaba mucho para tu llegada. Tenía muy asumido que era cuestión de horas, que hasta la tarde noche no te tendría conmigo. Un ratito en monitores para comprobar que las contracciones iban en serio (que así lo era) y que tu corazón tenía buen ritmo. Todo correcto. El parto seguía un buen ritmo. La ginecóloga nos hizo ir ya a un paritorio donde pasaríamos las próximas horas y en donde te recibiríamos…

Allí nos recibiría Judith, una comadrona jovencita y la mar de dulce que nos acompañaría en todo el proceso. Con ella me pasó algo curioso. Yo estaba muy concentrada con mis contracciones, porque perder la concentración me provocaba dolor, y ella me veía distante por ello. Me ofrecía en todo momento su ayuda y que pidiese la peridural en el momento en que lo necesitara. Ella no me molestaba, me daba tranquilidad, pero no podía darle demasiada conversación. Judith me decía que lo estaba haciendo muy bien, que soportaba muy bien el dolor, y que tenía la sensación que no me estaba ayudando demasiado. Pero eso no era cierto.

En el paritorio, muy nuevo y agradable, tenía una pelota para poder hacer ejercicios de rotación. En ella, y colgada del cuello de papá era como mejor iban y venían los dolores. Una vez pasaba cada contracción, paz infinita. No sentía en ningún momento sufrimiento, era un dolor muy soportable, un dolor que controlaba. Sabía que podía seguir sin peridural, aunque la tendría que llevar para el expulsivo para prevenir problemas.

Hacia las 10 de la mañana Judith me ofreció de nuevo la peridural porque la anestesista estaba por allí cerca y ya accedí. En ningún caso por no poder aguantar el dolor. Estaba ya dilatada de 5 centímetros.

Lo que más temía del parto era ponerme la peridural por la experiencia que tuve con la cesárea de Ahren. A Judith y a la anestesista se lo hice saber y ellas me intentaron tranquilizar. Sergi estaba allí conmigo, frente a mí, acariciándome los brazos y las piernas, dándome ánimos. Pero yo veía lo blanco que se estaba poniendo y sufría más por él que por mí. Cuando ya estaba la anestesia prácticamente puesta, hubo un problema en otro paritorio con un bebé y Judith tuvo que salir y al muy poco también llamaron a la anestesista. Y yo con una aguja clavada en la espalda… Yo suplicaba no tener ninguna contracción. Así fue. Ambas estuvieron conmigo de seguida. Todo fue bien. Mis piernas empezaron a relajarse y las contracciones ya no dolían. Sólo notaba una leve presión nada dolorosa. Papá aprovechó para ir a desayunar y coger fuerza para lo que venía.

Allá a las once, tan sólo unos tres cuartos de hora después de llevar la peridural puesta, empecé a notar una presión, tu cabecita que rotaba y que empujaba por salir. Se lo comenté a la comadrona y se extrañó. Creo que no me llegó a creer. Me hizo un tacto y puso cara de asombro. ¡Estaba ya en dilatación completa en un tiempo récord! Sentí un gran subidón, me sentí fuerte. Cada vez estaba más lejos de una cesárea y más cerca de mi parto deseado.

Judith transformó la cama y me subió unas barras con las que yo podría hacer fuerza. Me dijo que sin prisa ninguna, que cuando notase alguna contracción, sin prisa y sin cansarme, totalmente a mi aire, fuera haciendo algún pujo. Íbamos muy bien, no había prisa, y Judith nos volvió a dejar en total intimidad.

Yo notaba perfectamente las contracciones. Te notaba a ti en mi interior. La anestesia estaba muy flojita, como yo quería. Lo suficiente para no sentir dolor pero poder vivir el parto.

Poco a poco, cuando sentía ganas de empujar, lo hacía. Tú ibas bajando por mi interior. El momento estaba cada vez más cerca.

Dos ginecólogas llegaron y se pusieron frente a mí, entre mis piernas. Llegó el momento de poner en marcha y en serio el expulsivo. Con ellas me sentí un poco más presionada, no tenía tanta paz y veía a Judith un poco preocupada porque ella también quería ir sin prisas porque todo estaba yendo muy bien. Verla a ella así no me tranquilizaba. Pero me dejé llevar, sabía que todo iría bien. Estabas muy cerca.

Empujé cada vez que tuve ganas de hacerlo. Todos me animaban. Me decían que estaba haciéndolo genial, que empujaba muy bien. Sentía mucha fuerza con esas palabras. Lo estaba consiguiendo. Tú te habías girado un poco y ellas te ayudaban a colocarte bien desde mi interior. Me decían que te tocaban la orejilla, que te veían el pelo, y yo te sentía mucho más real. Dejabas de ser ese Illya en abstracto, esa personita a la cual no podía imaginar, para ya saber que tenías el pelito largo y moreno. La cara de papá era de plena ilusión. Y yo cada vez tenía más fuerza, tenía poder. Me sentía mujer. Podía parir.

Empujé y empujé hasta que tu cabeza ya salió por completo de mi interior. Instantes después la sensación más maravillosa que he sentido nunca se produjo. Noté perfectamente cómo tu cuerpo caliente salía de entre mis piernas. Apenas tenía ya las piernas dormidas por la peridural. Caras contentas con ojos brillantes e ilusionados me miraban mientras tú, mi Illya, abandonaba por completo mi cuerpo para no volver a él nunca más, para iniciar una nueva etapa, tu vida. Te pusieron encima de mí. Tu cuerpo desnudo, caliente y húmedo encima de mí. Mis lágrimas resbalaron por mis mejillas, al igual que la emoción conmovió a tu padre. Estabas encima de mí. Estabas bien. Te había parido. Estaba feliz, muy feliz. Lo había conseguido, tú y yo lo habíamos conseguido. Te abrazaba, te miraba, te besaba, te hablaba. No sé qué fue lo primero que te dije. Son instantes que pasaron muy rápidamente por mi retina, pero la sensación, el sentimiento, espero no olvidarlo en toda mi vida. El momento más especial de todo lo que he vivido. Parirte.

Nuevo año… nuevos propósitos, nuevas ilusiones

Estos últimos días al chafardear en Facebook me he dado cuenta el montón de propósitos que se suele hacer la gente una vez acaba el año. Nunca me lo había planteado, la verdad. Creo que cuando te planteas algo en tu vida no debes esperar a una fecha concreta para hacerlo, sino que debes ponerte a ello inmediatamente.

Pero ya que la gente lo hace, voy a hacer este intento de “proposicionarme” propósitos para este nuevo año que acabamos de empezar.

Bien, ¿qué pedir al 2014? Creo que lo primero en lo que pienso al hacerme esta pregunta es en mi familia. Quiero pasar el máximo tiempo posible junto a ella, junto a mis hijos y mi marido en concreto. Pero tiempo de calidad. Besos y abrazos. Palabras bonitas. Juegos. Mis hijos me proporcionan una gran dosis diaria de alegría. Nunca había sonreído tanto como hasta ahora. Desde hace 3 años y 7 meses sonrío absolutamente todos los días. No estoy segura de haberlo hecho antes… creo que no. Creo que podían haber días en los que no sonreía. Eso no significa que no fuera feliz. Vivía de manera diferente. Ahora sí, tengo motivos para ser la mujer más feliz del mundo.

También me propongo seguir explotando la creatividad. Escribir, manualidades, costura… Intentaré aprovechar ratos libres para ir haciendo cositas.

Leer, leer y leer. Estoy recuperando de nuevo las ganas de leer. Cuando acabé la carrera de Filología me quedó una especie de vacío y perdí un poco las ganas de leer. No sé por qué, la verdad. Ningún hecho en concreto. Pero últimamente voy cogiendo el ritmo y procuro leer antes de ir a dormir (si es que no estoy demasiado exhausta) y algún rato que me regalan mis pequeñines.

Música. No voy hacer el propósito de volver a hacer clases de guitarra porque no tengo tiempo material. Pero sí seguiré escuchando música. Música heavy por supuesto. Y si es power metal, mejor que mejor. Sí me propongo a ir a todos los conciertos que mi economía y mis deberes familiares me permitan. Así de entrada, de los conciertos programados, espero poder ir a Gamma Ray+Rhapsody of Fire, Freedom Call, Primal Fear+UDO, Turisas y Sonata Artica. Ya veremos de estos cuáles acaban cayendo… Gamma Ray no me puedo permitir perdérmelo… El señor Hansen no me lo perdonaría… ni yo, claro🙂

Mis lecturas del 2013

El 2013 empezó con un muy buen regalo de Reyes: mi ahora ya imprescindible Ebook. ¡Qué gran regalo! Como filóloga y adicta a los libros, creía que el olor y el tacto de las páginas no podría ser substituido por nada. Mi visión romántica de la lectura ha quedado totalmente aplastada tras conocer este pequeño prodigio de la tecnología. Es tan práctico, tan fácil, tan cómodo, pesa tan poco, se lee tan bien, puedo tener tantos libros y tantas novedades… Así que últimamente he leído como hacía mucho que no hacía, en mis tiempos de universitaria.

Voy aprovechar esta primera entrada del año al blog para hacer un repasillo a todos los libros que he leído, y también los que he empezado y no he acabado, que tampoco han sido pocos.

Vamos allá:

  • El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson
  • Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, de Albert Espinosa
  • Como no ser una drama mamá, de Amaya Ascunce
  • La hilandera de Flandes, de Concepción Marín Albesa
  • Cincuenta sombras de Grey, de E. L. James
  • Cincuenta sombras liberadas, de E. L. James
  • El tiempo entre costuras, de María Dueñas
  • Marina, de Carlos Ruiz Zafón
  • Pídeme lo que quieras, de Megan Maxwell
  • Pídeme lo que quieras ahora y siempre, de Megan Maxwell
  • Pídeme lo que quieras o déjame, de Megan Maxwell
  • Sorpréndeme, de Megan Maxwell
  • La maternidad y el encuentro con la propia sombra, de Laura Gutman
  • La lección de August, de R. J. Palacio
  • Yo, mi, me, contigo, de David Safier

Libros empezados y no acabados:

  • El mundo amarillo, de Albert Espinosa
  • Las luces de septiembre, Carlos Ruiz Zafón
  • Cincuenta sombras más oscuras, de E. L. James
  • Cincuenta sombras de Gregorio, de Rossela Calabro
  • Crepúsculo, de Stephenie Meyer
  • Sexualmente, de Núria Roca
  • La reina descalza, de Ildefonso Falcones
  • Misión olvido, María Dueñas
  • Juego de tronos, de George R. R. Martin
  • Función en el colegio, Orio Vergani

¿Los deshojamos?

El abuelo que saltó por la ventana y se largó, de Jonas Jonasson: Recomendable. Libro entretenido y curioso. 

Si tú me dices ven lo dejo todo… pero dime ven, de Albert Espinosa: Bueeeeeno… pasable, nada imprescindible. Aprobado justito.

Como no ser una drama mamá, de Amaya Ascunce: De lo más divertidoo que me he leído últimamente. Y es que yo ya había leído alguna vez su blog (http://www.comonoserunadramamama.com/) así que el libro no me ha defraudado. Me encanta la frescura con la que escribe Amaya. Espero no caer en muchas de las frases de dramamamá.

La hilandera de Flandes, de Concepción Marín Albesa: Totalmente recomendable. Historia de cristianos y judíos en el Toledo de los Reyes Católicos. Es decir, muchos de los ingredientes que me gustan en una novela histórica. De lo mejorcito que me he leído el último año.

Cincuenta sombras de Grey y Cincuenta sombras liberadas, de E. L. James: Estos dos libros junto a los de la Megan Maxwell bien se merecerían toda una entrada sobre la literatura erótica para mujeres que se publica últimamente. La gran pega que tiene esta trilogía para mí es que a mí no me gusta nada el sadomasoquismo. No, a mí no me pone que ningún hombre, por muy Christian Grey y muy guaperas que sea, bajo ningún concepto, me ponga la mano encima. No le encuentro el morbo. Tampoco me gustan las chicas que pierden el juicio ante un tipo dominante, que te hace firmar un contrato de confidencialidad, que babea, que pierde totalmente su personalidad. No. No me gusta. Y me cuesta entender por qué hay tantas mujeres encantadas con este libro y que viven últimamente bajo el lema de “pon un Grey en tu vida”.

El tiempo entre costuras, de María Dueñas: Delicioso libro. Dulce. Romanticismo, historia y una prosa exquisita. Totalmente recomendable. La serie que actualmente están haciendo en A3 está muy bien adaptada.

Marina, de Carlos Ruiz Zafón: Zafón nunca me defrauda. Esta chuchería de novela la leí hace años y este curso mis alumnos la han leído. Releerla unos años después ha sido muy grato. Fantástica prosa.

Pídeme lo que quierasPídeme lo que quieras ahora y siempre y Pídeme lo que quieras o déjame y Sorpréndeme, de Megan Maxwell: Megan Maxwell ha sido mi descubrimiento de las últimas semanas del 2013. Tras haber comentado con amigas mi desagrado hacia las Cincuenta sombras de Grey, una me recomendó esta trilogía. Después de haber devorado la trilogía y haber leído el postre que supone Sorpréndeme en 4 semanas, debo decir que me ha encantado. En un principio pensé que era el contrapunto de las 50 sombras. Y en cierto modo lo es. Todo lo que no me gusta de la trilogía anterior, aquí Maxwell lo cambia para que me sea más grato. Erotismo y amor. Agilidad en la lectura. Prosa desenfadada, sin tabúes, muy buen gusto. La historia del tercer libro quizá fue la que menos me gustó, pero sirvió de puente para prendarme de Björn, el que será protagonista en la historia paralela Sorpréndeme. Si los tres primeros me encantaron, el último me dejó sin habla. Felicidades Megan.

La maternidad y el encuentro con la propia sombra, de Laura Gutman: Este libro me lo leí estando embarazada de Illya. Sublime como esta mujer hace despertar el sentido más primitivo de la maternidad. Muy recomendable para las embarazadas y futuras mamás.

La lección de August, de R. J. Palacio:Delicioso. Preciosa historia de un niño contada desde diferentes puntos de vista. Lectura fácil y conmovedora.

  • Yo, mi, me, contigo, de David Safier: Safier siempre consigue hacerme reír. Lectura muy fácil y divertida.

 

Y la sección de inacabados…

El mundo amarillo, de Albert Espinosa: Historia autobiográfica de su enfermedad. Muy bonito. Quizá algún día lo continuaré, pero habiendo muchos más libros por leer, este me causaba un poco de pereza.

Las luces de septiembre, Carlos Ruiz Zafón: Esta novela se la estaban leyendo mis alumnos de tercero de ESO cuando cogí la baja antes de nacer Illya. Como ya me lo había leído cuando tenía aproximadamente 15 años, no lo acabé. Muy recomendable, como todos los de Zafón.

Cincuenta sombras más oscuras, de E. L. James: Como ya he comentado más arriba, la historia de Christian Grey no me gusta, y menos la parte erótica. Como historia de amor deja mucho que desear. Así que, llegado a casi el final de este tercer libro, me cansé. Ya conozco la historia y puedo hablar, comentar y rebatir con quien hayan leído la trilogía. Nada más que comentar.

Cincuenta sombras de Gregorio, de Rossela Calabro: En España (y supongo que en general en la vida real) no existen Christian Greys. Existen Gregorios. Una curiosa crítica de la famosa trilogía; ha intentado sacar partido riéndose de una novela popular. Para mi gusto, con un par de capítulos es suficiente. No aporta demasiado.

Crepúsculo, de Stephenie Meyer: Muchos se sorprenderán de que aparezca esta novela entre los libros que al menos he empezado a leerme. Y tiene una razón de ser. Lo mismo que he hecho con las 50 sombras, me gusta conocer lo que critico. Siempre me he reído de estos vampiros adolescentes con piel brillante que van al instituto. Sé que este tipo de novela vuelve locas a mis alumnas adolescentes. ¿Verdad Laia, Aina…? Pues bien, siempre me dije que algún día trataría de leérmelo para poder opinar con razón de ser. Y no, no puedo con él. No me gusta. Ratifico todo lo que pensaba. A veces, los prejuicios no van tan desencaminados. Lo siento chicas.

Sexualmente, de Núria Roca: Libro de monólogos de la presentadora en la que trata diferentes aspectos sobre sexualidad. Están bien, pasables. He leído unos cuantos, pero habiendo tanto por leer no me merecía la pena continuar.

La reina descalza, de Ildefonso Falcones: Con esta novela me ha pasado algo curioso. No dudo que me gustará tanto como La catedral del Mar, del mismo autor. Pero ya sea por el momento de mi vida en que lo he empezado, por no haberle podido dedicar demasiado tiempo o vete tú a saber qué, no me ha enganchado. He intentado en varias ocasiones de seguir, pero no hay manera. No me engancha, y así a mí no me gusta leer.

Misión olvido, de María Dueñas: Al igual que con el anterior libro comentado, Misión olvido no me ha acabado de enganchar. Lo tengo pendiente, no tiro la toalla.

Juego de tronos, de George R. R. Martin y Función en el colegio, Orio Vergani: Son los libros con los que he acabado el 2013 y empiezo el 2014. Ya veremos cómo progresan. Quizá os sorprenda que esté liada con dos libros. Soy así, siempre suelo tener al menos dos libros empezados a la misma vez.

¿Jesús me quiere?

Acabo de leer el segundo libro de David Safier y no me he podido contener en escribir una nueva reflexión en el blog. No me he reído ni me lo he leído tan rápido como Maldito Karma, pero Jesús me quiere me ha hecho pensar, replantearme y reafirmarme en mi concepción de la religión.

En ningún momento se tiene una sensación adoctrinadora con la lectura del libro; en clave humorística se van tratando diferentes temas que muchas personas nos hemos hecho en relación con la existencia de Dios e incluso sobre la estabilidad mental de Jesús. Y yo, como Marie, la protagonista de la novela, nos vamos planteando ciertos dogmas que nos son muy difícil de alejar de nuestra cabeza. En el momento que aparece Jesús en su vida, lo primero que piensa es de qué manicomio se ha escapado. Esto enlaza con las teorías que Sergi y yo tenemos acerca de la presunta esquizofrenia que sufría Jesús. Hoy día es inconcebible que una persona vaya por la vida diciendo que es el hijo de Dios, que viene a hacer el bien, que quiere adoctrinar, que se deje colgar en una cruz para salvarnos a todos… Hoy día está bien claro que una persona que oye voces, que además dice que esas voces son de Dios… no está demasiado bien de la cabeza. Un psiquiatra le diagnosticaría con suma rapidez.

Otro tema que nos hemos planteado respecto a la Resurrección es: según tengo entendido (y que conste que no soy en absoluto una experta en la Biblia y que miles de cosas se me pasan por alto o estoy mal informada), la única persona que vio a Jesús resucitado fue María, su madre. Y yo me pregunto: ¿qué madre después de que se muera su hijo con 33 años, en plena juventud, no tiene la sensación que lo ha visto, que lo ha sentido, que ha notado su presencia? ¿Todas las madres que tienen esa sensación, pueden afirmar que su hijo ha resucitado?

No sé, todo esto me suena demasiado confuso y me impide creer en su veracidad. Tampoco quiero que nadie me convenza de ello, por supuesto.

Marie a lo largo de la novela se va haciendo muchas preguntas acerca de la religión, de la fe, de la vida de Jesús… David Safier algunas las contesta y otras las capea con gran maestría. Jesús intenta aclarar algunas. Dios/Emma Thomson intenta contestar otras. Pero hay un par que quedan en el tintero: ¿por qué existen los tumores? ¿por qué las mujeres tienen la menstruación?

La visión del Apocalipsis también me ha divertido. Al no creer en un Dios, nunca me he planteado cómo puede ser el Juicio Final ya que mi ateísmo niega su existencia. No quiero desvelar nada de la novela, pero creo que seguiré pensando en mi Más Allá tal y como me gustaría que fuera.

No sé si cielo e infierno existirán, nadie sabe qué puede haber más allá de la muerte, qué pasa una vez nuestros cuerpos fallecen. Es muy probable que no exista nada más, que todo acabe ahí. Pero las religiones, a lo largo de la historia de la humanidad, han intentado dar diferentes versiones sobre lo que nos encontraremos. Yo me imagino que una vez mueras puedes encontrar dos opciones. Una es un cielo divino, paradisíaco, donde el sol brilla, las nubes son esponjosas y blancas, todo es calma y quietud… por supuesto no habría ningún Dios allí dando la vara ni adoctrinando. Sería como unas vacaciones en el Caribe. Algo tranquilito y de relax. Mayormente iría allí gente buena y aburrida. Y después habría un infierno mucho más divertido y tentador. Reinaría la oscuridad, la diversión y la buena música. Con buena música me refiero obviamente a buen Heavy Metal. Sería un lugar repleto de tabernas, en las que la buena música y la buena cerveza se reunirían en comunión con un montón de metaleros dispuestos a pasar un buen rato en la eternidad. En un lugar así dictadores y calaña del estilo no tendrían lugar, por supuesto. Estos no sé adónde irían… Este otro lugar, al que me gustaría ir, sería lo más parecido a unas vacaciones en un festival heavy. Buena música y buen ambiente por doquier. Ése es el que quiero que sea mi Más Allá. Por suerte, mi costilla comparte mi visión de “la vida más allá de la muerte” y el que llegue primero esperará al otro escuchando a Dio.

Para variar, me estoy distanciando demasiado del tema que me ha llevado a escribir esta entrada…

Otro de los temas tratados en Jesús me quiere es que Dios dotó a los humanos de una voluntad libre. Somos libres para escoger tanto el bien como el mal. Nosotros escogemos nuestro camino y somos responsables de la mayoría de las cosas que nos ocurren. Esto también se relaciona con el curso que precisamente ayer empecé: Programación Neurolingüística para docentes. Justo estoy empezando a conocer qué es la PNL y ya empiezo a ver la relación que tiene con el Coaching. Mi teoría sobre el principio del 10/90 se me reafirma. Para los que no conozcan el Principio del 10/90 os doy una pequeña pincelada. Este principio explica que en nuestro día a día NO controlamos el 10% de las cosas que nos ocurren, pero el 90% restante sí que dependen de nuestras propias acciones, decisiones y estado de ánimo.

Como ejemplo de este principio, imaginaros que estás a punto de ir a trabajar y tu hija, sin querer, te tira el café en el jersey. A partir de esta acción, podemos tomar dos vías muy diferentes y que van a determinar cómo va a ser nuestro día. Si optamos por la opción 1 pasará lo siguiente: nos enfadaremos, la reñiremos, ella llorará. Nuestro marido se enfadará por haberla reñido. Iremos a cambiarnos el jersey, la niña seguirá llorando y perderá el autobús escolar. Tú al tenerla que llevar llegarás tarde al trabajo. Tu hija seguirá enfadada contigo. En el trabajo irás todo el día cruzada por tener a tu hija enfadada, por haber llegado tarde ya que eso hace que te aceleres, llegarás a casa e intentarás que tu hija te perdone por haberla reñido… Bien, os hacéis una idea de cómo está el patio, ¿no? Con la opción 2 pasará lo siguiente: le dirás dulcemente a tu hija que no pasa nada, que ahora te cambias y que la próxima vez tenga más cuidado. Te cambiarás y tú y tú hija os iréis al colegio y al trabajo. Todo seguirá bien. ¿Cambia el panorama, no?

No es exactamente lo que nos quiere explicar la novela, pero sí que en esos comentarios que hacía Emma Thomson/Dios en algunos capítulos se relaciona con la PNL. Es por ello que intento tener una actitud positiva frente a todo en mi vida. Optimismo y Power Metal.

Esto es todo por hoy: Miscelánea en estado puro.

El País de los Mediocres, por Forges

Esta vez, no soy yo la que va a escribir. Quería plasmar en mi blog un artículo escrito por Forges que va muy en concordancia con mi manera de pensar. Espero que lo disfrutéis y que os anime a pensar y a comentar:

EL PAÍS DE LOS MEDIOCRES

Quizá ha llegado la hora de aceptar que nuestra crisis es más que económica, va más allá de estos o aquellos políticos, de la codicia de los banqueros o la prima de riesgo. Asumir que nuestros problemas no se terminarán cambiando a un partido por otro, con otra batería de medidas urgentes o una huelga general. Reconocer que el principal problema de España no es Grecia, el euro o la señora Merkel. Admitir, para tratar de corregirlo, que nos hemos convertido en un país mediocre. 
Ningún país alcanza semejante condición de la noche a la mañana. Tampoco en tres o cuatro años. Es el resultado de una cadena que comienza en la escuela y termina en la clase dirigente. Hemos creado una cultura en la que los mediocres son los alumnos más populares en el colegio, los primeros en ser ascendidos en la oficina, los que más se hacen escuchar en los medios de comunicación y a los únicos que votamos en las elecciones, sin importar lo que hagan. Porque son de los nuestros. Estamos tan acostumbrados a nuestra mediocridad que hemos terminado por aceptarla como el estado natural de las cosas. Sus excepciones, casi siempre reducidas al deporte, nos sirven para negar la evidencia.

Mediocre es un país donde sus habitantes pasan una media de 134 minutos al día frente a un televisor que muestra principalmente basura. Mediocre es un país que en toda la democracia no ha dado un presidente que hablara inglés o tuviera mínimos conocimientos sobre política internacional. Mediocre es el único país del mundo que, en su sectarismo rancio, ha conseguido dividir incluso a las asociaciones de víctimas del terrorismo. Mediocre es un país que ha reformado su sistema educativo trece veces en tres décadas hasta situar a sus estudiantes a la cola del mundo desarrollado. Mediocre es un país que no tiene una sola universidad entre las 150 mejores del mundo y fuerza a sus mejores investigadores a exiliarse para sobrevivir.

Mediocre es un país con una cuarta parte de su población en paro que sin embargo encuentra más motivos para indignarse cuando los guiñoles de un país vecino bromean sobre sus deportistas. Es mediocre un país donde la brillantez del otro provoca recelo, la creatividad es marginada -cuando no robada impunemente- y la independencia sancionada. Un país que ha hecho de la mediocridad la gran aspiración nacional, perseguida sin complejos por esos miles de jóvenes que buscan ocupar la próxima plaza en el concurso Gran Hermano, por políticos que se insultan sin aportar una idea, por jefes que se rodean de mediocres para disimular su propia mediocridad y por estudiantes que ridiculizan al compañero que se esfuerza.

Mediocre es un país que ha permitido fomentado celebrado el triunfo de los mediocres, arrinconando la excelencia hasta dejarle dos opciones: marcharse o dejarse engullir por la imparable marea gris de la mediocridad.

Maldito karma: reflexiones

Hace un rato que he acabado de leer la novela de David Safier, Maldito karma, y he considerado que bien merece un apunte de crítica literaria veraniega; es decir, no pienso ponerme para nada en plan filóloga plasta, sino que voy a dar mi opinión.

Ya hace algún tiempo lo había visto en librerías y en ránkings de libros más leídos, pero nunca le había prestado atención. Hasta que hace pocos días, sin recordar ahora mismo cómo vino al caso, mi amigo Marc me comentó que lo estaba leyendo y que le estaba gustando, que era divertido. Así que cómo no encontraba (y sigo sin encontrar) la novela que llevo pendiente de leer desde hace dos veranos, Et donaré la terra, de Chufo Llórens, me decidí a ir hasta la biblioteca a buscarlo.

Ha sido una novelita de verano, refrescante, divertida, y que, además, da que pensar. Ingredientes que combinados están muy bien. Hacía ya una buena temporada que no leía un libro en tan sólo 3 días. La falta de tiempo colaboraba en ello, pero también el no encontrar una novela que reuniera todos los requisitos para cada ocasión.

Sabéis que soy muy friki y que me encanta leer clásicos hispánicos, y si son de unos siglos atrás, mejor. Pero ello requiere tiempo y ganas. No puedes empezar a leer a Galdós, a Quevedo, a Cervantes, a Clarín o a cualquier colega de ellos si no dispones de tiempo, concentración y una buena dosis de ganas. Así que últimamente, a mis admirados les leo lo justo y necesario, más que nada por exigencias del instituto, muy a mi pesar.

Algo que nunca falla es leer a Carlos Ruiz Zafón, mi escritor vivo preferido. Tiene 7 novelas publicadas y por supuesto, todas ellas leídas según han salido a la venta. Y es que leer a Zafón siempre me reconforta, sé que es placer asegurado en la lectura. A pesar de mi falta de tiempo, consigue engancharme y evadirme, y meterme en las calles de Barcelona con una fuerza única y mágica. Pocos escritores consiguen tal efecto en mí. Desde que leí con 14 años El príncipe de la niebla, supe que se trataba de un escritor que llegaría muy lejos. Por el momento, mi profecía se cumple. Sé que en unos años logrará estar en los libros de literatura.

Como para variar me estoy andando por las ramas, vamos al tema que da título a esta nueva entrada: Maldito Karma.

Siempre que empiezo a leer un nuevo libro, primeramente pienso en qué me intenta decir el título. La verdad es que Maldito karma me evocaba la serie Me llamo Earl, y eso me animaba mucho a leer. La primera línea de una novela también es muy importante; de hecho, son las palabras más importantes de una novela. Puede hacer que te enganche desde el primer momento como aventurar que poco tiene que aportar.

El inicio de la novela es el siguiente: “El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia”. Interesante. Por un lado, con puro estilo a lo García Márquez y su Crónica de una muerte anunciada, la novela ya anticipa que el o la protagonista mueren. Eso es una ventaja para las personas que tienen la tendencia de mirar el final para saber cómo acaba. Si ya sabes de antemano que el protagonista muere, el interés se centra en saber todo el proceso que le lleva a la muerte, y todos los clásicos interrogantes del qué, quién, cómo, cuándo, dónde y por qué.

Pero con lo de “El día de mi muerte no tuvo ninguna gracia”, también se presagian más cosas. Está escrito en primera persona. ¿Cómo puede una persona hablar del día de su propia muerte? Curioso. Hay que seguir leyendo.

Según van pasando las líneas y las páginas, todo cobra sentido y el humor te puede llegar a envolver. El tema de la reencarnación es algo que nunca me ha preocupado. Tampoco el del buen o mal karma. Pero leyendo la novela, viendo cómo Kim se convierte en  hormiga y otros seres según acumulaba buen o mal karma, me ha hecho crear reflexiones totalmente estúpidas, sin sentido, reflexiones veraniegas también, de esas que te haces cuando realmente no tienes nada importante que pensar ni por la que preocuparte… ¿Estaré yo acumulando buen karma? ¿Habré hecho mal sin saber a quién ni por qué? ¿Habrá alguien reencarnado en mi cuerpo? ¿En qué me reencarnaré después de mi muerte? Sólo se me venía algo a la cabeza: Buda, no quiero ser ni serpiente ni “Guancho”…😉

No abandono el barco

Como cada mediado de julio, llega la hora de las adjudicaciones de verano, y eso significa que en el instituto van a haber cambios. El último día de junio nos despedimos y nos deseamos suerte, pero sabemos que no todos nos reencontraremos el 1 de septiembre en la puerta del instituto. Lo peor de todo, es que no sabemos a la hora de la despedida quienes vamos a ser. ¿Será un adiós o será un hasta septiembre?

Es lo que más me disgusta de mi trabajo. Siendo profesor no sientes competitividad. Tus compañeros no son tus enemigos como puede ocurrir en otras profesiones. Vamos todos en el mismo barco con el mismo fin. Nos vemos en los cambios de clase y compartimos guardias, permanencias, patios… y un montón de anécdotas, charlas… Cada uno en su clase es libre, y creo que es por ello por lo que nos llevamos tan bien. A lo largo de nueve meses de curso te vas conociendo y vas apreciando y queriendo a los que están contigo codo con codo. Quizá será que yo me encariño fácilmente de la gente que se porta bien conmigo. Que sé captar los pequeños gestos que me regalan. Y muy importante, me gusta aprender de cada uno de ellos.

El saber que cada año cambia parte de la plantilla me causa mucha pena. Pena porque sabes que no vas a volver a esas personitas que comparten tu día a día con la misma frecuencia, por mucho que digas que quedaréis para tomar algo y que os encontraréis en todas las cenas. A la misma vez, sabes que llegará septiembre y conocerás a gente nueva a la que apreciarás de igual modo.

Unos se quedan para una buena temporada y otros deben marchar más temprano.

Yo por el momento no abandono el barco (o mejor dicho, no me veo obligada a abandonarlo). Estoy contenta de poder seguir un curso más allá en dónde aprendí, con aquellos que me enseñaron.

Ya veremos hacia dónde nos lleva la corriente el próximo septiembre y quiénes serán los marineros que me acompañarán en la aventura.